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Salmo 80 – Pastor Salvador (433)

Imagen del programa Salmo 80 – Pastor Salvador (433) en Radio Solidaria

Nuestro recorrido por los salmos nos ha traído hasta el salmo ochenta que hoy comenzamos a conocer.

Este salmo es uno de los que forman la colección de Asaf que era una dinastía de músicos y cantores que comenzó el ministerio de la música del santuario en tiempos de David y siguió en su tarea, por lo menos unos cinco siglos.

Como el santuario estaba en Jerusalén y este salmo se refiere a las tribus del norte, es posible que sea un ruego de restauración a favor del reino del norte desde el reino del sur, porque durante unos doscientos años, a partir de Salomón, Israel estuvo dividido en dos reinos y el reino del norte fue hecho cautivo ciento treinta años antes que el reino del sur.

Vamos a leer del uno al siete para comentar después los tres primeros. Los siete primeros versículos del salmo ochenta dicen así:

“Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre querubines, resplandece. Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, Y ven a salvarnos. Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia. Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí. Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.

En los versículos que hemos leído se repite dos veces la petición: “Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros” Que es algo así como decir: Manifiesta entre nosotros tu presencia salvadora. Vamos a leer de nuevo, para después comentarlos, los tres primeros versículos del salmo ochenta, que dicen así:

“Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre querubines, resplandece. Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, Y ven a salvarnos. Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”. Es evidente que el comienzo de estos versículos se refieren a las tribus del norte, porque después de referirse a Dios como el cuidado nacional de los dos reinos, es decir, de todo Israel, diciendo:

“Oh Pastor de Israel, escucha” añade: “Tú que pastoreas como a ovejas a José”.

Y aun lo aclara más en la frase siguiente pues comienza refiriéndose al santuario de Jerusalén, el templo, diciendo:

“Que estás entre querubines, resplandece” y continúa diciendo: “Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés”. Efraín y Manasés eran dos tribus, las más numerosas descendientes de los hijos de José, el hijo preferido de Jacob. Esta parte del ruego termina con dos ruegos, el primero es específico, pues dice:

“ven a salvarnos. Oh Dios, restáuranos”, y el segundo es más general, pidiendo la manifestación salvadora de Dios entre ellos, pues dice:

“Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”. Es evidente que hay una lección para nosotros, y es que ante cualquier dificultad, recordemos que solo Dios salva. La salvación es de Dios.