Oh happy day

Alabanza With You # 63
En este programa aprenderemos la canción Oh happy day
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Salmo 80 – Restaura (434)

El salmo ochenta, que estamos recorriendo, parece una oración intensa desde el reino del sur a favor del reino del norte, porque este salmo es compuesto por los cantores del templo, la familia de Asaf, y el templo estaba en el sur.
Pero las referencias de los primeros versículos señalan al reino del norte. Vamos a leer los primeros siete versículos del salmo para comentar después desde el cuatro al siete.
Los versículos uno al siete, del salmo ochenta, dicen así:
“Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre querubines, resplandece. Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, Y ven a salvarnos. Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia. Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí. Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.
Ahora, después de leer estos versículos que nos sitúan en el tema, vamos a leer de nuevo, fijándonos bien, los cuatro últimos que hemos leído, en los cuales es muy evidente que piden por otros, pero, a la vez, que se sienten parte de ellos como pueblo delante de los demás pueblos, pues estos versículos dicen así:
“Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia. Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí. Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.
Las primeras frases de estos versículos son muy reveladoras. Veamos, la primera reconoce a Dios como el gran vencedor pues dice:
“Jehová, Dios de los ejércitos”. Y la segunda deja claro que no habían ganado los enemigos por su propia fuerza, sino que Dios mismo, indignado por los pecados de su pueblo, dejó de escuchar las oraciones y los entregó en sus manos, pues dice:
“¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo?”. Lo siguiente que dice describe poéticamente el sufrimiento de sus hermanos de las tribus del norte, pues dice:
“Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia”. Pero, a continuación, se identifica con ellos, como parte del mismo pueblo, pues dice:
“Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí”.
A continuación vienen dos peticiones, que ya habíamos visto en los versículos anteriores, pero que recalcan el sentimiento de pueblo con los del reino del norte, pues dice:
“Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.
La lección más importante, de esta parte del salmo ochenta, es estar por encima de las diferencias cuando las desgracias alcanzan a los que se alejaron de nosotros. Si te acuerdas de alguien así, es el momento de orar por su caso.