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Salmo 81 – Alabadle (436)

Imagen del programa Salmo 81 – Alabadle (436) en Radio Solidaria

Hemos llegado al salmo ochenta y uno y estaremos recorriéndolo durante unos días.

Este salmo pertenece a la que hemos dado en llamar colección de Asaf.

Asaf dirigió la música del santuario en tiempos de David y su familia siguió ocupándose de ese ministerio durante siglos.

Este salmo parece compuesto para una fiesta solemne, y tiene dos partes definidas, la primera es de alabanza a Dios y la segunda de memoria de la infidelidad de Israel.

Vamos a leer los nueve primeros versículos, para después comentar los dos primeros.

Los versículos uno al nueve, del salmo ochenta y uno dicen así:

“Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; Al Dios de Jacob aclamad con júbilo. Entonad canción, y tañed el pandero, El arpa deliciosa y el salterio. Tocad la trompeta en la nueva luna, En el día señalado, en el día de nuestra fiesta solemne. Porque estatuto es de Israel, Ordenanza del Dios de Jacob. Lo constituyó como testimonio en José Cuando salió por la tierra de Egipto. Oí lenguaje que no entendía; Aparté su hombro de debajo de la carga; Sus manos fueron descargadas de los cestos. En la calamidad clamaste, y yo te libré; Te respondí en lo secreto del trueno; Te probé junto a las aguas de Meriba. Oye, pueblo mío, y te amonestaré. Israel, si me oyeres, No habrá en ti dios ajeno, Ni te inclinarás a dios extraño”.

Después de leer estos versículos del salmo ochenta y uno, vamos a leer de nuevo los versículos uno y dos, que serán el tema de nuestra Mirada de hoy y a los que podríamos titular: Alabadle, puesto que dicen así:

“Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; Al Dios de Jacob aclamad con júbilo. Entonad canción, y tañed el pandero, El arpa deliciosa y el salterio”.

En las dos primeras frases predomina la alegría como motivación de la alabanza, veamos, la primera frase tiene dos partes muy definidas, la alegría y la razón de la misma, pues dice: “Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra”.

La segunda frase mantiene la alegría, pero agrega un nuevo motivo que amplía el de “fortaleza nuestra” de la primera, pues dice:

“Al Dios de Jacob aclamad con júbilo”. Y es que están cantando al Dios todopoderoso porque es su Dios, el Dios de su pueblo.

Las dos frases siguientes se refieren a la música, la primera menciona la música vocal acompañada de ritmo.

La música del santuario siempre utilizó la preciosa y riquísima letra de los salmos para alabar a Dios, esta primera frase musical dice:

“Entonad canción, y tañed el pandero”. Y la última frase de estos versículos, que atraen hoy nuestra Mirada, menciona dos instrumentos de los usados en el culto y que tenían cierta semejanza, pues dice la frase:

“El arpa deliciosa y el salterio”. Si podemos llamar a Dios nuestra fortaleza y nuestro Dios, si lo es realmente, tenemos motivos sobrados para alabarle, cantando con auténtica alegría y con el acompañamiento musical.

Porque poder llamar al Dios eterno, creador de cielos y tierra, nuestro Dios, es para cantar sin parar, no por costumbre o ritual, sino por verdadera alegría que surge de darse cuenta de algo tan grandioso.