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Salmo 83 – Que se vuelvan a Dios (450)

Imagen del programa Salmo 83 – Que se vuelvan a Dios (450) en Radio Solidaria

Hoy terminamos nuestro recorrido por el salmo ochenta y tres, que, como ya dijimos en días anteriores, es el último de los doce firmados por Asaf, ya fuese el primer Asaf mencionado en segundo de Crónicas seis o el último descendiente mencionado en Nehemías doce, pues desde el primero todos se ocupaban de la música del santuario.

El salmo pide a Dios ayuda a causa del acoso de los pueblos vecinos, acoso que era sobre todo contra Dios mismo.

Leeremos el salmo entero y comentaremos los sorprendentes
versículos finales.

El salmo ochenta y tres dice así:

“Oh Dios, no guardes silencio; No calles, oh Dios, ni te estés quieto. Porque he aquí que rugen tus enemigos, Y los que te aborrecen alzan cabeza. Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente, Y han entrado en consejo contra tus protegidos. Han dicho: Venid, y destruyámoslos para que no sean nación, Y no haya más memoria del nombre de Israel. Porque se confabulan de corazón a una, Contra ti han hecho alianza Las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas, Moab y los agarenos; Gebal, Amón y Amalec, Los filisteos y los habitantes de Tiro. También el asirio se ha juntado con ellos; Sirven de brazo a los hijos de Lot. Hazles como a Madián, Como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón; Que perecieron en Endor, Fueron hechos como estiércol para la tierra. Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb; Como a Zeba y a Zalmuna a todos sus príncipes, Que han dicho: Heredemos para nosotros Las moradas de Dios. Dios mío, ponlos como torbellinos, Como hojarascas delante del viento, Como fuego que quema el monte, Como llama que abrasa el bosque. Persíguelos así con tu tempestad, Y atérralos con tu torbellino. Llena sus rostros de vergüenza, Y busquen tu nombre, oh Jehová. Sean afrentados y turbados para siempre; Sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra”.

Sin olvidar el conjunto del salmo que acabamos de leer, vamos a leer de nuevo los tres últimos versículos del mismo, que recogen una petición muy sorprendente, pues el salmista, después de denunciar a los pueblos vecinos por su acoso contra el pueblo de Dios, y pedir su castigo, termina su petición, pidiendo que también ellos, los enemigos, se vuelvan sinceramente a Dios.

Estos versículos dicen así:

“Llena sus rostros de vergüenza, Y busquen tu nombre, oh Jehová. Sean afrentados y turbados para siempre; Sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra”.

Lo primero que hemos leído es chocante, pues dice:

“Llena sus rostros de vergüenza, Y busquen tu nombre, oh Jehová”. Es decir, reconozcan su maldad y vuélvanse a Dios.

Las frases siguientes parecen lo contrario, pero son el justo castigo, pues dicen:

”Sean afrentados y turbados para siempre; Sean deshonrados, y perezcan”. Y la última frase del salmo recuerda el reconocimiento universal de Dios, tanto de amigos como de enemigos, pues dice:

“Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra”.

En todo caso, es muy mal negocio enemistarse con Dios.