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Salmo 84 – Dones de Dios (455)

Imagen del programa Salmo 84 – Dones de Dios (455) en Radio Solidaria

Hoy llegamos al final del salmo ochenta y cuatro, que forma parte de lo que hemos llamado la colección de Coré, que son once salmos, aunque solo siete de esos salmos son de los hijos de Coré, pues los otros cuatro, entre ellos este, son dedicados a los hijos de Coré.

Este salmo ochenta y cuatro, es el primero de los cuatro con dedicatoria.

El tema del salmo es el santuario de Dios y la adoración en él.

Vamos a leer el salmo y después comentaremos los dos últimos versículos. El salmo ochenta y cuatro dice así:

“¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. Aun el gorrión halla casa, Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, Cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa; Perpetuamente te alabarán. Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, En cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, Cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; Verán a Dios en Sion. Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración; Escucha, oh Dios de Jacob. Mira, oh Dios, escudo nuestro, Y pon los ojos en el rostro de tu ungido. Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad. Porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía”.

Hoy hemos leído, por última vez, el salmo ochenta y cuatro completo, y ahora, como cada día, leeremos de nuevo los versículos once y doce, que cierran el salmo, para, seguidamente, comentarlos en nuestra Mirada.

Estos últimos versículos del salmo ochenta y cuatro dicen así:

“Porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía”. Comienzan estos versículos señalando la naturaleza de Dios, como luz y defensa, pues dice: “Porque sol y escudo es Jehová Dios”.

Después añade dos bendiciones maravillosas de Dios a los suyos, la primera es el regalo de su amor y esperanza, pues dice:

“Gracia y gloria dará Jehová”.

La segunda es su perfecta fidelidad para con aquellos que andan en sus caminos, pues añade:

“No quitará el bien a los que andan en integridad”. Y se termina el salmo con una afirmación que tiene de nuevo dos aspectos, lo que Dios regala y a quién, pues esta última frase del salmo dice: “Dichoso el hombre que en ti confía”.

Es decir, no es la dicha de lo que hace el hombre, sino la dicha, la felicidad, de tener puesta toda la confianza en el Dios Todopoderoso y Eterno. Porque lo importante no es confiar, sino confiar, por medio de Jesucristo, en el único que vale para la eternidad.

¡Qué valioso, en un mundo tan inseguro y confuso, tener en quien confiar de todo corazón!