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Salmo 85 – Salvos por gracia (456)

Imagen del programa Salmo 85 – Salvos por gracia (456) en Radio Solidaria

Nuestro continuo recorrido por los salmos, ha llegado al salmo ochenta y cinco, que es otro de los cuatro dedicados a los hijos de Coré.

Como recordarás, son once salmos relacionados con los descendientes de Coré, los cuales, como los de la familia de Asaf, servían en el santuario en tareas musicales.

En este salmo, su autor recuerda hechos del pasado y mira esperanzado al futuro, porque Dios que los salvó en el pasado puede salvarlos en el futuro.

Leeremos este salmo para después comentar tres versículos del mismo. El salmo ochenta y cinco dice así:

“Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová; Volviste la cautividad de Jacob. Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste. Reprimiste todo tu enojo; Te apartaste del ardor de tu ira. Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación, Y haz cesar tu ira de sobre nosotros. ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación? ¿No volverás a darnos vida, Para que tu pueblo se regocije en ti? Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, Y danos tu salvación. Escucharé lo que hablará Jehová Dios; Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, Para que no se vuelvan a la locura. Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen, Para que habite la gloria en nuestra tierra. La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, Y la justicia mirará desde los cielos. Jehová dará también el bien, Y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él, Y sus pasos nos pondrá por camino”.

Después de leer el salmo ochenta y cinco, vamos a leer de nuevo los tres primeros versículos, que es muy evidente se refieren a una salvación por pura gracia en el pasado, vamos, seguidamente, a comentarlos.

Estos versículos dicen así: “Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová; Volviste la cautividad de Jacob. Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste. Reprimiste todo tu enojo; Te apartaste del ardor de tu ira”.

Las dos primeras frases parecen referirse al regreso de la cautividad de Babilonia y en ellas se reconoce que fue una obra de Dios, pues dice:

“Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová; Volviste la cautividad de Jacob”.

Es más las dos frases siguientes dejan muy claro que aquella salvación era una extraordinaria muestra de la gracia perdonadora de Dios, pues el salmista dice:

“Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste”, reconociendo la culpabilidad del pueblo de Dios y el completo perdón recibido.

La realidad de ese perdón queda plasmada en las siguientes frases, que recuerdan la justa ira de Dios contra ellos y como la suprimió para darles salvación, pues dice:

“Reprimiste todo tu enojo; Te apartaste del ardor de tu ira”.

Viniendo a nuestros días, la salvación que Dios ofrece es así, por pura gracia, es decir sin ningún merecimiento por parte humana, ya que la ira que merecíamos la descargó sobre su Hijo Jesucristo, por eso podemos anunciar que somos salvos por gracia, por medio de la fe.