Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 86 – Solo acudo a ti (462)

Imagen del programa Salmo 86 – Solo acudo a ti (462) en Radio Solidaria

Nuestro diario recorrido por el libro de los salmos ha llegado hasta el salmo ochenta y seis, escrito por David.

Este salmo es una oración que pone un acento especial en la misericordia de Dios.

Misericordia que para el que ora quiere decir que se sabe sin méritos para recibirla, pero que confía en el carácter misericordioso de Dios para ser atendido.

Como el salmo tiene bastante extensión, leemos solo una parte del mismo que nos permite tener presente el contexto de los versículos que son objeto de nuestra Mirada.

Por eso, hoy leeremos los siete primeros versículos y después nos fijaremos en los versículos tres y cuatro.

Los primeros siete versículos del salmo ochenta y seis dicen así:

“Inclina, oh Jehová, tu oído, y escúchame, Porque estoy afligido y menesteroso. Guarda mi alma, porque soy piadoso; Salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía. Ten misericordia de mí, oh Jehová; Porque a ti clamo todo el día. Alegra el alma de tu siervo, Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma. Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, Porque tú me respondes”.

Tras leer estos siete versículos del salmo ochenta y seis, que leeremos cada día hasta que terminemos de comentarlos, vamos a leer de nuevo los versículos tres y cuatro de este salmo, en los cuales continúa la petición del salmista David, y que atraen hoy nuestra Mirada, dicen así:

“Ten misericordia de mí, oh Jehová; Porque a ti clamo todo el día. Alegra el alma de tu siervo, Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma”.

Es estos versículos hay dos peticiones, con sus respectivas razones. Veamos la primera petición que dice: “Ten misericordia de mí, oh Jehová”.

Esta petición descubre dos cosas muy sencillas, una que el salmista confiesa su necesidad, y otra que el salmista confiesa su indignidad, es decir, reconoce que no tiene derecho ni merece la intervención amorosa de Dios.

Pero, es evidente que el salmista confía en la misericordiosa intervención de Dios a su favor, porque insiste en su petición sin desanimarse, ya que dice: “Porque a ti clamo todo el día”.

Esta perseverancia en la oración es algo que la Palabra de Dios recomienda, entre otras cosas porque revela el verdadero interés del que ora.

La segunda petición descubre la necesidad que tiene el salmista de recuperar su buen ánimo y que esto se producirá cuando Dios conteste, pues dice:

“Alegra el alma de tu siervo”.

Además insiste en su condición de servidor de Dios. Por eso añade que lo que pide, que cambiará su semblante de la tristeza a la alegría, solamente lo pide a Dios, pues dice: “Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma”.

Estos versículos nos dejan, sobre todo, una enseñanza muy valiosa:

En las necesidades, sean cuales sean, depender únicamente de Dios.

Porque el único que puede resolver las situaciones difíciles es Él, ya que Él es el único Dios verdadero y Todopoderoso.

Por tanto es el único que nos conoce a fondo y nos quiere.

Cara a cara Pedro Ureña

Imagen del programa Cara a cara Pedro Ureña en Radio Solidaria

PEDRO UREÑA BUSTOS.
Autónomo Agencia de Comunicación PROYECTOS Y SOLUCIONES A LA CARTA. Empresa de servicios especializados en gastronomía.