Salmo 86 – Atiéndeme (464)

Nuestro recorrido por el libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo ochenta y seis, que es otro de los escritos por David.
Este salmo es una oración en la cual se destaca el carácter misericordioso de Dios.
En medio de la petición hay un canto a la inigualable grandeza de Dios.
Dada la extensión del salmo, tal y como hacemos en otras ocasiones, leemos una parte del salmo que nos permita tener delante el contexto del versículo o versículos que vamos a comentar, y después, leemos de nuevo el trozo que ocupará nuestra Mirada, para, seguidamente, comentarlo en detalle.
Vamos, pues, a leer los siete primeros versículos del salmo ochenta y seis, que dicen así:
“Inclina, oh Jehová, tu oído, y escúchame, Porque estoy afligido y menesteroso. Guarda mi alma, porque soy piadoso; Salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía. Ten misericordia de mí, oh Jehová; Porque a ti clamo todo el día. Alegra el alma de tu siervo, Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma. Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, Porque tú me respondes”.
Como ya hemos leído los siete primeros versículos del salmo ochenta y seis, ahora, tal como hemos prometido, vamos a examinar con detalle el versículo seis de este salmo, pero, antes de comentarlo, vamos a leerlo de nuevo porque así es mucho más fácil seguir el comentario acerca del mismo.
El versículo seis del salmo ochenta y seis dice así:
“Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento a la voz de mis ruegos”.
Como verás es muy breve y muy sencillo y con el casi termina la petición del salmista.
Así que, vamos a fijarnos bien en todo lo que dice. Pongámonos en la situación del salmista, quien está muy abatido a causa de sus enemigos que se han confabulado para matarle, y pide ayuda a Dios a quien sirve porque es el único que puede salvarle.
Leamos de nuevo este versículo seis que dice: “Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento a la voz de mis ruegos”. Solamente son dos frases, pero muy densas.
La primera frase dice: “Escucha, oh Jehová, mi oración”.
Entendemos perfectamente que con este pedido de “escucha”, quiere decir que necesita ser atendido personalmente, además se dirige al Dios Eterno, Jehová, o Yahweh, que según los expertos es más correcto, y este nombre significa algo así como el Dios que siempre es, por tanto si Él escucha, es decir toma nota para actuar, la garantía es total.
No perdamos nunca de vista que el salmista no exige, sino que suplica. A Dios nadie tiene altura moral ni autoridad para exigirle, nadie.
La siguiente frase es una repetición de la primera pero agrega un matiz muy valioso.
Está segunda frase dice: “Y está atento a la voz de mis ruegos”.
Esto es algo más que escúchame o atiéndeme, porque, aunque lo incluye, nos transmite la idea de continuidad, es decir, necesito que me sigas atendiendo.
Cualquier persona en necesidad puede hacer la misma oración que el autor de este salmo.
¿Quieres hacerla tú?