Salmo 87 – Ciudad gloriosa (471)

Iniciamos hoy nuestro recorrido por el salmo ochenta y siete.
Este salmo está dedicado a los hijos de Coré, aunque no sabemos quien fue su autor, y tiene como tema principal la ciudadanía celestial, tomando como referencia el santuario de Jerusalén para referirse a la gloriosa ciudad celestial.
El salmo, a pesar de su brevedad, describe la fama de la ciudad celestial, quienes son sus habitantes, y también se refiere al registro de ciudadanía.
Llama la atención que los ciudadanos proceden de todo el orbe. Dada la brevedad del salmo, lo leeremos entero cada uno de los cinco días que le dedicaremos.
El salmo ochenta y siete dice así:
“Su cimiento está en el monte santo. Ama Jehová las puertas de Sion Más que todas las moradas de Jacob. Cosas gloriosas se han dicho de ti, Ciudad de Dios. Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; Este nació allá. Y de Sion se dirá: Este y aquél han nacido en ella, Y el Altísimo mismo la establecerá. Jehová contará al inscribir a los pueblos: Este nació allí. Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti”.
Ahora, después de leer el salmo ochenta y siete, vamos a leer de nuevo los versículos uno al tres que serán objeto de nuestra Mirada de hoy. Los versículos uno al tres, del salmo ochenta y siete, dicen así:
“Su cimiento está en el monte santo. Ama Jehová las puertas de Sion Más que todas las moradas de Jacob. Cosas gloriosas se han dicho de ti, Ciudad de Dios”.
Es evidente que el punto de partida del salmo, tal vez compuesto para una fiesta especial, es el santuario de Jerusalén, aunque el salmista se eleva en el tiempo y en el significado, para fijar su mirada en la morada eterna de gloria.
Vamos a examinar estos primeros versículos. La primera frase parece referirse al lugar donde estaba el templo, en Jerusalén, pues dice:
“Su cimiento está en el monte santo”. Pera, también podemos decir, que para el resto de la humanidad, los cimientos celestiales están en el monte Calvario, donde Cristo abrió el camino par todo aquel que cree, dando su vida en lugar de los pecadores. La frase siguiente se refiere principalmente a la ciudad celestial, cuya gloria excederá cualquier gloria de este mundo, pues dice:
“Ama Jehová las puertas de Sion Más que todas las moradas de Jacob”. Y la última frase estos versículos, de la misma forma, se refiere, en primer lugar al santuario de la Jerusalén histórica en sus momentos de mayor gloria, pero, sin duda alguna apunta al glorioso lugar que se verá algún día y que tendrá perfecciones inigualables, pues dice:
“Cosas gloriosas se han dicho de ti, Ciudad de Dios”. A causa del materialismo imperante, pocas veces, y con poca profundidad, pensamos en la gloriosa ciudad de Dios, incluso llegamos a pensar que si este mundo funcionase mejor, sería deseable.
A pesar de que el Señor dice que los suyos “no son del mundo”, es indudable que el atractivo del mundo nos seduce.
Necesitamos ir una y otra vez a la Palabra de Dios para visualizar la gloria excelsa de la patria celestial.