Salmo 87 – Gozo permanente (475)

En el programa de hoy, terminamos nuestro recorrido por el salmo ochenta y siete, que ha sido el objeto de nuestras Miradas durante cinco días.
Este salmo está dedicado a una de las familias de cantores y músicos del templo, los hijos de Coré.
El gran tema de este breve e intenso salmo es la ciudadanía celestial accesible a personas de todas las razas y países por medio de la fe.
La fama de la ciudad, sus habitantes y el libro de registro de los mismos son los apartados del tema.
Lo que más llama la atención en este salmo es que entre los censados en la ciudad celestial se mencionan personas procedentes de países que han sido siempre enemigos de Israel, lo cual es un claro testimonio de la maravillosa gracia de Dios que recibe a todo aquel que cree, sea cual sea su procedencia y condición.
Cada día leemos el salmo completo y comentamos un versículo del mismo, que hoy será el último.
El salmo ochenta y siete dice así:
“Su cimiento está en el monte santo. Ama Jehová las puertas de Sion Más que todas las moradas de Jacob. Cosas gloriosas se han dicho de ti, Ciudad de Dios. Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; Este nació allá. Y de Sion se dirá: Este y aquél han nacido en ella, Y el Altísimo mismo la establecerá. Jehová contará al inscribir a los pueblos: Este nació allí. Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti”.
Como hacemos cada día, después de terminar la lectura del salmo que estamos meditando, vamos a leer el último versículo sobre el cual pondremos nuestra Mirada de hoy, y que se refiere al principal tema de alabanza.
El versículo siete y último, del salmo ochenta y siete, dice así: “Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti”.
Este canto nos dice que algo, o Alguien, que está en el santuario celestial, es el origen de los motivos de alabanza de los cantores, pues dice: “Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti”.
Esta canción con la que termina el salmo nos recuerda otra canción, que, con motivo semejante, hallamos en el capítulo cinco del Apocalipsis y que dice así:
“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”.
Unamos nuestras voces y corazones a esta alabanza.