Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 88 – Clamor insistente (476)

Imagen del programa Salmo 88 – Clamor insistente (476) en Radio Solidaria

Hoy comenzamos el recorrido de un salmo muy singular, el salmo ochenta y ocho, este salmo escrito por otro de los cantores más notables del templo, llamado Hemán, y se lo dedica a los hijos de Coré, vamos, algo así como una gentileza entre colegas.

Este salmo es el más doloroso del salterio. En todo el salmo no hay un atisbo de luz, solo dolor y negrura. P

Pero, sin embargo, a pesar de no divisarse la luz, de no ver el socorro llegar, el salmista ora cada día con fervor perseverancia. Tres veces se menciona en el salmo esta actitud del salmista.

Esta actitud es, sin duda alguna, un estímulo para cualquier afligido que no ve el final a su aflicción.

Veremos el salmo a lo largo de diez programas y cada cinco leeremos una parte del mismo para después comentar dos versículos. Vamos pues a comenzar la lectura.

Los versículos uno al nueve, del salmo ochenta y ocho, dicen así:

“Oh Jehová, Dios de mi salvación, Día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; Inclina tu oído a mi clamor. Porque mi alma está hastiada de males, Y mi vida cercana al Seol. Soy contado entre los que descienden al sepulcro; Soy como hombre sin fuerza, Abandonado entre los muertos, Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, De quienes no te acuerdas ya, Y que fueron arrebatados de tu mano. Me has puesto en el hoyo profundo, En tinieblas, en lugares profundos. Sobre mí reposa tu ira, Y me has afligido con todas tus ondas. Has alejado de mí mis conocidos; Me has puesto por abominación a ellos; Encerrado estoy, y no puedo salir. Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción; Te he llamado, oh Jehová, cada día; He extendido a ti mis manos”. Después de leer los primeros versículos del salmo ochenta y ocho, vamos a leer de nuevo los primeros dos versículos del mismo, para, después, comentarlos.

Los versículos uno y dos, que recogen la primera de las tres oraciones del salmo, dicen así:

“Oh Jehová, Dios de mi salvación, Día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; Inclina tu oído a mi clamor”.

En estos versículos, no sobra ni una palabra, veamos, el salmista comienza invocando al que siempre es, a Jehová, que, además, es su Salvador personal, con estas palabras:

“Oh Jehová, Dios de mi salvación”. Seguidamente nos deja la primera perla del salmo, con la referencia a su perseverancia en orar, pidiendo ayuda para su situación desesperada, pues dice: “Día y noche clamo delante de ti”.

A continuación, hace la primera petición, que su ruego sea recibido en la presencia de Dios, pues dice:

“Llegue mi oración a tu presencia”. Es decir, tenme en cuenta, atiéndeme, dame audiencia, escúchame. Como ya dijimos antes, este salmo nos sorprende por dos cosas muy notables, la primera es que no hay ni un pequeñísimo rayo de luz para el salmista, y, sin embargo, él persiste en la oración.

La segunda es precisamente lo que acabamos de decir, que el salmista, a pesar de no tener respuesta de parte de Dios, sigue orando. Tomemos nota.