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Salmo 88 – Dado por muerto (478)

Imagen del programa Salmo 88 – Dado por muerto (478) en Radio Solidaria

Estamos recorriendo el salmo ochenta y ocho, escrito para los hijos de Coré por uno de los músicos del santuario, llamado Hemán.

Esto podría parecer una cortesía bonita, entre colegas de ministerio, si no fuese por el tema del salmo.

Porque el salmo ochenta y ocho es un salmo cuya lectura produce escalofríos, si lee con atención, ya que es el salmo más oscuro y triste, de los ciento cincuenta que forman el libro de los salmos, no hay en el nada de esperanza ni de confianza, ni de paz, ni, por descontado, de alegría.

Todo es tristeza y aflicción, dolor y más dolor. Sin embargo, a pesar de eso, la gran enseñanza del salmo, es que el salmista persevera en la oración cada día, pidiendo a Dios ayuda con insistencia, aunque sin respuesta.

Así que podríamos titularlo de dos formas, o situación desesperada, u oración perseverante, porque ambas se dan en el salmo.

Vamos a leer los nueve primeros versículos que nos permiten tener presente el contexto general del salmo, y después comentaremos dos versículos en detalle.

Los versículos uno al nueve del salmo ochenta y ocho, dicen así:

“Oh Jehová, Dios de mi salvación, Día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; Inclina tu oído a mi clamor. Porque mi alma está hastiada de males, Y mi vida cercana al Seol. Soy contado entre los que descienden al sepulcro; Soy como hombre sin fuerza, Abandonado entre los muertos, Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, De quienes no te acuerdas ya, Y que fueron arrebatados de tu mano. Me has puesto en el hoyo profundo, En tinieblas, en lugares profundos. Sobre mí reposa tu ira, Y me has afligido con todas tus ondas. Has alejado de mí mis conocidos; Me has puesto por abominación a ellos; Encerrado estoy, y no puedo salir. Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción; Te he llamado, oh Jehová, cada día; He extendido a ti mis manos”.

Después de leer estos primeros nueve versículos del salmo ochenta y ocho, que nos permiten tener un buen conocimiento general del tema del salmo, vamos a leer de nuevo la segunda parte del versículo cuatro, junto con el cinco, para, seguidamente, comentarlos en detalle.

Los versículos cuatro, en su segunda parte, y el cinco, de este salmo ochenta y ocho, que introducen un aspecto nuevo en la súplica, dicen así:

“Soy como hombre sin fuerza, Abandonado entre los muertos, Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, De quienes no te acuerdas ya, Y que fueron arrebatados de tu mano”.

Las tres primeras frases recalcan la situación desesperada del salmista, sin fuerzas y prácticamente muerto, pues dice: “Soy como hombre sin fuerza, Abandonado entre los muertos Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro”. Pero las dos frases siguientes introducen un elemento nuevo, pues dice:

“De quienes no te acuerdas ya, Y que fueron arrebatados de tu mano”.

O sea, le dice a Dios, me has olvidado y abandonado. Y, sin embargo, a pesar de eso, sigue orando.

¿Qué haríamos en su situación? Pase lo que pase, hagamos igual.