Cara a cara 79 Michelle Riera

CARA A CARA CON MICHELLE RIERA.
Joven guatemalteca que nos cuenta su experiencia al ponerse disponible a Dios para servir. Una vida preciosa.
El arte de buscar la santidad.
Salmo 89 – Disciplina fiel (492)

Seguimos progresando en nuestro recorrido por el salmo ochenta y nueve, que es muy extenso, aunque ya nos acercamos al final.
El autor de este salmo fue un músico del templo, llamado Etán.
El tema de este largo salmo es el pacto de Dios con el rey David.
El salmo es escrito en un momento de dificultad grave, porque, al final del mismo, después de un largo canto de alabanza a Dios y una detallada descripción del pacto, el salmista se queja ante Dios a causa de la situación y pide socorro.
El salmo es muy extenso y por eso hemos decidido leer y comentar cada día unos pocos versículos hasta terminar todo el salmo.
Los versículos treinta al treinta y siete del salmo ochenta y nueve, que hoy comentaremos, dicen así:
“Si dejaren sus hijos mi ley, Y no anduvieren en mis juicios, Si profanaren mis estatutos, Y no guardaren mis mandamientos, Entonces castigaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, Ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, Y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, Y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, Y como un testigo fiel en el cielo”.
Ahora, que ya hemos leído estos versículos del salmo ochenta y nueve, en los cuales se confirma el pacto de Dios con David, pero se hacen advertencias acerca de la conducta de los beneficiarios, y se reafirma la absoluta seguridad del compromiso que Dios ha contraído, vamos a ir comentando en detalle lo que hemos leído. El pacto prevé la posibilidad de que los beneficiarios no cumplan su parte de obediencia a Dios, pues dice:
“Si dejaren sus hijos mi ley, Y no anduvieren en mis juicios, Si profanaren mis estatutos, Y no guardaren mis mandamientos”, es decir, si se apartan de Dios, dejan de honrarle con sus conductas, se burlan de su palabra, y no respetan sus normas. Como es natural, esto tiene consecuencias, pues Dios al que ama disciplina, así que añade:
“Entonces castigaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades”, es lógico, la rebeldía contra Dios siempre tiene consecuencias, es bueno no olvidarlo.
Pero, seguidamente, dice algo muy precioso, que, de nuevo, junto con David incluye a Cristo y los resultados de su obra. Pero vamos por partes. Primero asegura compasión y fidelidad, aunque ellos fallen, pues dice:
“Mas no quitaré de él mi misericordia, Ni falsearé mi verdad”. Porque la palabra de Dios se cumple siempre, así que añade:
“No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, Y no mentiré a David”. Y reafirma su promesa otra vez diciendo:
“Su descendencia será para siempre, Y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, Y como un testigo fiel en el cielo”.
Si hemos creído en Cristo, estas garantían nos alcanzan también a nosotros, que sin merecerlo, sino todo lo contrario, hemos sido alcanzados por esa misericordia e introducidos en el Reino eterno de gloria por Cristo, el hijo de David.