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Salmo 90 – Deterioro inevitable (500)

Imagen del programa Salmo 90 – Deterioro inevitable (500) en Radio Solidaria

Estamos ya por la mitad del salmo noventa, uno de los salmos más conocidos.

Este salmo, que fue escrito por Moisés, trata de la brevedad de la vida humana en relación con la eternidad de Dios, y propone vivir sabiamente, teniendo esto en cuenta.

El salmo es algo extenso, y, por eso, cada día leemos unos cuantos versículos, que nos permiten tener perspectiva del conjunto y después ponemos nuestra Mirada sobre un par de versículos con todo detalle.

Los versículos nueve y diez del salmo noventa, dicen así:

“Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, Y dices: Convertíos, hijos de los hombres. Porque mil años delante de tus ojos Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche. Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, Como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca. Porque con tu furor somos consumidos, Y con tu ira somos turbados. Pusiste nuestras maldades delante de ti, Nuestros yerros a la luz de tu rostro. Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos”.

Ahora que hemos leído los diez primeros versículos del salmo noventa, para tener una buena perspectiva del mismo, vamos a leer de nuevo los versículos nueve y diez, porque, seguidamente, vamos a comentarlos y conviene tenerlos frescos en la memoria.

Los versículos nueve y diez, del salmo noventa, en los cuales el salmista sigue explicando las causas de la brevedad de la vida y sus efectos, dicen así:

“Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos”.

La primera frase es muy clara, puesto que declara con sencillez, la razón de nuestro temprano envejecimiento, pues dice:

“Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira”.

O sea, nuestra vida va cayendo como el sol cuando a desaparecer por el horizonte al anochecer. Y esto sucede porque Dios está muy ofendido por nuestro pecado.

Eso es lo que produce el deterioro de nuestro organismo de forma tan rápida, tanto, que cuando ya vamos teniendo unos años, podemos decir como el salmista a continuación, pues dice:

“Acabamos nuestros años como un pensamiento”.

Seguidamente reconoce el promedio de la edad que alcanzamos, diciendo:

“Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos”.

A los jóvenes les parecen muchos años, pero a los mayores les parece un soplo. Y para esto nunca habrá remedio humano.

Solo Dios puede.