Salmo 90 – Que cese tu castigo (503)

Nuestras Miradas sobre el salmo noventa van acercándose a su término, porque después de hoy solamente nos quedan dos programas más con este precioso salmo, escrito por Moisés.
El salmo contrasta la eternidad de Dios con la brevedad y fragilidad de nuestras vidas y aconseja como vivir delante de Dios.
Vamos a comentar hoy los versículos trece y catorce del salmo, pero, como hacemos cada día, antes daremos lectura a los últimos nueve versículos del salmo para tener perspectiva de su contenido.
Los versículos nueve al diecisiete del salmo noventa dicen así:
“Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira, Y tu indignación según que debes ser temido? Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría. Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos. De mañana sácianos de tu misericordia, Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, Y los años en que vimos el mal. Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos. Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros, Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; Sí, la obra de nuestras manos confirma”.
Tras leer los nueve últimos versículos del salmo noventa, que nos sitúan en lo esencial de su contenido, vamos a leer de nuevo los versículos trece y catorce que meditaremos hoy bajo nuestra Mirada.
Los versículos trece y catorce del salmo noventa, que son una humilde petición de misericordia y que dicen así:
“Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos. De mañana sácianos de tu misericordia, Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días”. El salmista, consciente de su indignidad delante de Dios, se refugia en su misericordia con toda humildad. Vamos a ver estos versículos, comenzamos leyendo otra vez la primera parte de los mismos que dice así: “Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos”.
Esto da a entender que había faltas que provocaron el enfado de Dios y que este todavía seguía manifestándose, por eso le pide clemencia, porque en relación a la brevedad de su vida, ya duraba mucho.
Seguidamente implora misericordia, es decir una manifestación del amor de Dios que era inmerecida, diciendo:
“De mañana sácianos de tu misericordia”. Siempre que nos encontramos con la misericordia de Dios debemos recordar que nos tenemos derecho a ella sino que es un regalo de su gracia.
Terminan estos versículos afirmando que las bondades de Dios son las que producen verdadera y continua alegría, pues añade: “Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días”.
Es importante recordar esto. La única alegría auténtica y que perdura es la que procede de los beneficios que Dios da.
Las otras alegría son engañosas y fugaces. Busquemos la buena.
Cara a cara 80 Mari Carmen Jiménez

Una vida consagrada a servir a los necesitados.
El arte de la bondad.