Salmo 91 – Defendido (507)

Estamos recorriendo el salmo noventa y uno, cuyo autor desconocemos, pero cuyo texto es uno de los más conocidos y apreciados.
Leeremos el salmo entero para, después, comentar los versículos dos al cuatro del mismo.
El salmo noventa y uno dice así:
“El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Yahweh: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Yahweh, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”. Después de leer este salmo completo, vamos a leer de nuevo los versículos dos al cuatro sobre los cuales pondremos nuestra Mirada de hoy.
Los versículos dos al cuatro del salmo noventa y uno dicen así:
“Diré yo a Yahweh: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad”.
Lo que sobresale en estos tres versículos del salmo noventa y uno es que quien vive bajo la protección del Dios Todopoderoso se siente bien defendido. Por eso leemos al comienzo de los mismos:
“Diré yo a Yahweh: Esperanza mía, y castillo mío”. O, dicho de otra manera, en ti tengo mi futuro y eres mi fortaleza inexpugnable. Añade, seguidamente, la consecuencia de esto, diciendo:
“Mi Dios, en quien confiaré”. Esta confianza se hace más explícita al referirse a ser defendido de las agresiones traidoras del enemigo, pues dice: “Él te librará del lazo del cazador”.
Pero, aun añade otra consecuencia de la defensa de Dios, y es la defensa de epidemias espirituales invisibles pero terriblemente reales, pues dice:
“De la peste destructora”. Seguidamente menciona las defensas de Dios para los suyos y comienza mencionando la protección cariñosa y segura de su cuidado, tomando como ilustración el cuidado de las aves con sus hijos, pues dice:
“Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro”.
Finalmente, se menciona el arma defensiva de su palabra, con sus promesas y verdades invencibles, pues dice: “Escudo y adarga es su verdad”.
Podemos confiar con sencillez y seguridad en su palabra, es la garantía de Dios.