Salmo 91 – Vencedor (510)

Hoy, con cierta pena, llegamos al final del salmo noventa y uno, es decir, lo leeremos una vez más todo entero y comentaremos los versículos finales del mismo.
Este salmo, de autor anónimo, canta la excelencia del cuidado de Dios sobre los suyos en toda circunstancia.
El salmo noventa y uno dice así: “El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Yahweh: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Yahweh, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”.
Ahora, tras leer todo el salmo, volvemos nuestra Mirada a los cuatro últimos versículos del mismo, que leemos de nuevo.
Los versículos trece al dieciséis del salmo noventa y uno, dicen así:
“Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”.
Las dos primeras frases completan lo dicho en los versículos anteriores acerca de la seguridad del creyente en Dios, pues dicen estas frases:
“Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón”.
Es decir, los peligros no podrán con él, porque el mismo Dios Todopoderoso le cuida.
Pero, a continuación, es el mismo Dios quien habla y promete cosas muy consoladoras.
Comienza diciendo: “Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré”.
Y añade: “Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre”. Preciosas promesas. Distinguidos por Dios sin merecerlo. Pero aun hay más, pues dice a continuación:
“Me invocará, y yo le responderé”. Es decir, estará atento al clamor de los suyos y ayudará. La frase siguiente es aun más íntima, pues dice:
“Con él estaré yo en la angustia”. Esto indica que los malos momentos son posibles, pero, en su compañía. Y termina el salmo con cuatro promesas, a cual más valiosa, pues dice;
“Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”.
¿Se puede pedir más? Pues confía en Él.