Salmo 95 – Alabemos (521)

Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya hemos llegado al salmo noventa y cinco.
Este salmo, que no indica quien fue su autor, tiene dos partes muy definidas, que nos permiten meditarlo en dos programas de Miradas.
El salmo noventa y cinco nos propone tomar a Dios en serio.
La primera parte invita a la alabanza a Dios y la segunda a la reverencia, con una advertencia que recuerda el pasado.
Hoy leeremos los cinco primeros versículos y los meditaremos frase a frase.
Los cinco primeros versículos, del salmo noventa y cinco, dicen así:
“Venid, aclamemos alegremente a Yahweh; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos. Porque Yahweh es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra, Y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; Y sus manos formaron la tierra seca”.
Ahora después de dar lectura a estos cinco primeros versículos, del salmo noventa y cinco, en los cuales se nos invita a alabar a Dios el Salvador, Señor y Creador, vamos a examinarlos con calma.
La primera frase rebosa entusiasmo con Dios, el Dios único, eterno y Todopoderoso, el Dios que se compromete y puede cumplir, ya que propone alabarle a gritos, pues dice:
“Venid, aclamemos alegremente a Yahweh”.
La segunda frase, manteniendo el tono alegre, repite la idea de la primera, pero, añade un dato muy importante y es que Dios es la garantía de la salvación de su pueblo, o sea, absolutamente firme, pues dice:
“Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación”. Las dos frases siguientes insisten en la propuesta de acercarse a Dios alabándole entusiasta, pues dicen:
“Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos”.
Seguidamente, el salmo comienza a detallar nuevos motivos para alabar a Dios con júbilo y entusiasmo desbordados y comienza señalando la grandeza de Dios, y cuando pensamos que el inmenso universo es obra suya, ¿A qué podemos comparar la grandeza de Dios? Es bueno meditar en ello, pues el salmo añade:
“Porque Yahweh es Dios grande”. Y agrega otro aspecto de su grandeza que es su dominio y señorío absoluto sobre todo, pues dice que es: “Y Rey grande sobre todos los dioses”, no quiere decir que hay otros dioses, sino que Él está incluso sobre todo lo que se pueda imaginar. Y estos versículos terminan detallando ahora por qué alaba el salmo la grandeza de Dios.
En primer lugar porque Él es el dueño y sostén de toda la creación, después dirá por qué lo es, pero, de momento, afirma:
“Porque en su mano están las profundidades de la tierra, Y las alturas de los montes son suyas”.
Fijémonos que dice que están en su mano y que son de su propiedad, ¿Cuántas veces pensamos esto? Y las dos últimas frases de estos versículos completan estas afirmaciones afirmando que Dios, el grande y glorioso, es el Dueño de todo porque es su autor.
Es tan sencillo y tan lógico que no tiene vuelta de hoja. Las dos últimas frases dicen:
“Suyo también el mar, pues él lo hizo; Y sus manos formaron la tierra seca”.
Alabémosle.