Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 95 – Obedezcamos (522)

Imagen del programa Salmo 95 – Obedezcamos (522) en Radio Solidaria

Nuestra Mirada de hoy se dedicará a la segunda parte del salmo noventa y cinco, que, como dijimos en el programa anterior, es un salmo que nos propone tomar a Dios muy en serio.

En su primera parte reconociendo a Dios en alabanza por la salvación, por su señorío universal y por ser el Creador y sostén de todo el universo.

En la segunda parte, que nos ocupará hoy, somos llamados a mostrar reverencia y obediencia a Dios por medio de ejemplos de la historia.

Vamos a leer los versículos seis al once, del salmo noventa y cinco, que dicen así:

“Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Yahweh nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, Me probaron, y vieron mis obras. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo”.

Acabamos de leer los seis últimos versículos del salmo noventa y cinco y ahora vamos a reflexionar pausadamente en ellos, saboreando cada frase, sin olvidar que en su conjunto nos invitan a obedecer a Dios con reverencia.

Las dos primeras frases que acabamos de leer proponen una gran reverencia ante Dios, el Dios grande y Todopoderoso, el Dueño del universo, pues dicen:

“Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Yahweh nuestro Hacedor”.

Seguidamente recuerda el salmo que nuestro reconocimiento a Dios es porque Él es nuestro Dios, el único y personal, pues dice: “Porque él es nuestro Dios”.

Así que, el Creador sostén y Señor del universo, es, además, nuestro Dios personal. Y, seguidamente añade el salmo la posición comunitaria que tenemos ante Dios, como pueblo suyo, que completa las razones para adorarle, pues dice:

“Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano”. Y, ahora, en las frases finales del salmo noventa y cinco, viene una larga y seria advertencia que recuerda la experiencia de Israel con Dios, en el trayecto entre Egipto y Canaán, cuando no tomaron a Dios en serio y fueron castigados duramente por su desobediencia. Es un párrafo largo que recuerda el comportamiento rebelde del pueblo de Dios que impidió que los adultos entrasen en la tierra prometida a causa de esa rebeldía, pues dice ese largo párrafo:

“Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, Me probaron, y vieron mis obras.

Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo”. Pero, fijémonos bien.

Esto está escrito para nosotros, para que no seamos como ellos, para que tomemos a Dios en serio en nuestras vidas, para que atendamos a su palabra, para que obedezcamos a sus mandatos.

Porque Dios, el Todopoderoso, el dueño del universo, es nuestro Salvador y Señor. Dediquemos a Él nuestras vidas.