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Salmo 96 – Reconozcamos (524)

Estamos recorriendo el salmo noventa y seis, un salmo que invita a reconocer al Dios verdadero en una sincera adoración como es el reconocer sus gloriosas cualidades que solamente Él tiene y que son motivo de admiración y gratitud por parte de sus hijos.
Hemos dividido el salmo en tres partes y dedicamos cada día a una de ellas, la primera parte es de proclamación de la gloria de Dios, la segunda, que trataremos hoy, es de adoración, o reconocimiento, y la tercera, que nos ocupará el próximo día es de testimonio al mundo.
Hoy pondremos nuestra Mirada sobre los versículos seis al nueve, de este salmo noventa y seis, que dicen así:
“Alabanza y magnificencia delante de él; Poder y gloria en su santuario. Tributad a Yahweh, oh familias de los pueblos, Dad a Yahweh la gloria y el poder. Dad a Yahweh la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Yahweh en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra”.
Después de leer estos cuatro versículos del salmo noventa y seis, que invitan a la adoración al Dios verdadero, vamos a ir analizando despacio cada frase de los mismos.
La primera frase nos sitúa en un desfile triunfal en el cual se acerca el homenajeado y se proclaman delante de Él su nombre y sus grandezas. ¿Cómo no serán éstas si se trata del Dios eterno y Todopoderoso? Pues, refiriéndose a Dios, la primera frase dice:
“Alabanza y magnificencia delante de él”. A esta frase introductoria de la adoración, del reconocimiento de lo que Dios y hace, sigue una referencia al grandioso santuario celestial, donde se manifiesta en toda su majestad y grandeza, pues dice:
“Poder y gloria en su santuario”.
Siguen dos frases que nos afectan, pues a la vista del glorioso santuario del Dios eterno y Santo, se nos invita a reconocerle plenamente.
Esto es algo que debe llenar nuestro corazón, cuando le damos culto, y eso dicen estas dos frases que siguen, diciendo:
“Tributad a Yahweh, oh familias de los pueblos, Dad a Yahweh la gloria y el poder”. La adoración es siempre el reconocimiento de lo que Dios es y hace, no podemos darle nada, pero podemos reconocerle y ofrecerle nuestra adoración y servicio en reconocimiento y gratitud.
La siguiente frase nos llama a hacerlo plenamente, pues dice: “Dad a Yahweh la honra debida a su nombre”.
Y, a continuación, somos llamados a presentar nuestras ofrendas.
Las ofrendas no son para darle a Dios, el no necesita nada. Las ofrendas son para reconocer que todo cuanto tenemos y somos viene de Él y cuando le rendimos culto es una de las partes de la adoración, pero han de surgir del corazón. La siguiente frase recuerda la excelsa santidad de Dios y la santidad que Él requiere de los suyos.
La separación del mal es connatural con el culto a Dios. No tiene sentido la adoración envuelta en pecado, no es aceptable ante un Dios santo.
La frase dice: “Adorad a Yahweh en la hermosura de la santidad”.
Pero, la santidad de Dios es temible, porque no admite ningún mal en su presencia, debiéramos recordarlo a menudo.
La última frase que comentamos hoy dice: “Temed delante de él, toda la tierra”. Pues, temamos.