Salmo 97 – Corresponded (530)

En nuestro continuo recorrido por el libro de los salmos, hemos llegado al salmo noventa y siete, que hoy terminamos.
Este salmo proclama la grandeza y majestad de la presencia de Dios y reclama que sea reconocido, es decir, adorado, por los que le desprecian y por los que le sirven.
Cada día de los cuatro que ya hemos dedicado a este salmo, lo hemos leído entero, para después, comentar dos o tres versículos del mismo.
Hoy vamos a leerlo una vez más. El salmo noventa y siete dice así.
“Yahweh reina; regocíjese la tierra, Alégrense las muchas costas. Nubes y oscuridad alrededor de él; Justicia y juicio son el cimiento de su trono. Fuego irá delante de él, Y abrasará a sus enemigos alrededor. Sus relámpagos alumbraron el mundo; La tierra vio y se estremeció. Los montes se derritieron como cera delante de Yahweh, Delante del Señor de toda la tierra. Los cielos anunciaron su justicia, Y todos los pueblos vieron su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, Los que se glorían en los ídolos. Póstrense a él todos los dioses. Oyó Sion, y se alegró; Y la hijas de Judá, Oh Yahweh, se gozaron por tus juicios. Porque tú, Yahweh, eres excelso sobre toda la tierra; Eres muy exaltado sobre todos los dioses. Los que amáis a Yahweh, aborreced el mal; El guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra. Luz está sembrada para el justo, Y alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, en Yahweh, Y alabad la memoria de su santidad”.
El salmo termina, como acabamos de leer, con un llamamiento a los que sirven a Dios a reconocerle con santidad y alegría. Vamos a leerlos de nuevo para facilitar el comentario. Los versículos diez al doce, del salmo noventa y siete, dicen así:
“Los que amáis a Yahweh, aborreced el mal; El guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra. Luz está sembrada para el justo, Y alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, en Yahweh, Y alabad la memoria de su santidad”.
La primera frase dice algo muy importante y que es necesario tener en cuenta, pues dice: “Los que amáis a Yahweh, aborreced el mal”. Esto es una demanda de fidelidad de santidad de corazón.
Seguidamente, antes de hacer una última demanda, da las razones para esta fidelidad, pues la primera dice:
“El guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra”. ¿Qué menos que fidelidad para el que nos cuida de forma tan completa?
Las dos frases siguientes son muy hermosas y dignas de observar con atención, pues en ellas nos dice que siendo fieles, ya tenemos dos preciosos resultados que Dios ha preparado para los que le sirven, a saber: claridad en el andar diario y alegría, pues dice:
“Luz está sembrada para el justo, Y alegría para los rectos de corazón”. Así que, lo más natural es que saber y experimentar esto, debe ser un motivo de alegría: Lo recuerda diciendo: “Alegraos, justos, en Yahweh”. Y termina el salmo demandando alabanza a Dios por su perfecta santidad, santidad que hemos de imitar, pues dice:
“Y alabad la memoria de su santidad”. Sin duda alguna, es un enorme privilegio estar al servicio de Dios.