Salmo 102 – Sufrimiento demoledor (552)

Hoy es nuestro segundo día con el salmo ciento dos. El salmo ciento dos trata dos temas muy notables, en sus primeros once versículos es una angustiosa oración, que describe con mucho detalle un gran sufrimiento y una dolorosa soledad.
La segunda parte del salmo ciento dos, desde el versículo doce al veintiocho, es una afirmación de esperanza, tanto para el salmista como para su pueblo.
Este salmo es muy extenso para leerlo entero cada día, así que hemos optado por leer cada día una parte del mismo y comentarla poco a poco, para no dejar atrás nada de su riqueza, vamos, pues, a leer los versículos uno al once, del salmo ciento dos, que dicen así:
“Yahweh, escucha mi oración, Y llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; Inclina a mí tu oído; Apresúrate a responderme el día que te invocare. Porque mis días se han consumido como humo, Y mis huesos cual tizón están quemados. Mi corazón está herido, y seco como la hierba, Por lo cual me olvido de comer mi pan. Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado a mi carne. Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el búho de las soledades; Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado. Cada día me afrentan mis enemigos; Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí. Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, Y mi bebida mezclo con lágrimas, A causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste, y me has arrojado. Mis días son como sombra que se va, Y me he secado como la hierba”.
Después de leer esta dolorosa primera parte del salmo ciento dos, vamos a leer de nuevo los versículos tres al cinco a los que dedicaremos nuestra Mirada de hoy.
Los versículos tres al cinco, del salmo ciento dos, que describen el dolor del sufrimiento, dicen así:
“Porque mis días se han consumido como humo, Y mis huesos cual tizón están quemados. Mi corazón está herido, y seco como la hierba, Por lo cual me olvido de comer mi pan. Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado a mi carne”. Vamos a verlos frase a frase.
La primera frase describe una vida de la que no queda nada aprovechable, parece un fracaso total, como si hubiese sido consumido por el fuego, pues dice:
“Porque mis días se han consumido como humo”. Y añade que tiene profundas huellas de su dolor, pues añade:
“Y mis huesos cual tizón están quemados”. Incluso, ha sufrido tanto que ya está insensible, su capacidad de sentir ha sido superada, pues dice:
“Mi corazón está herido, y seco como la hierba”. Tiene comida pero su sufrimiento le ha quitado el apetito, pues añade: “Por lo cual me olvido de comer mi pan”. Y de tanto sufrir se ha quedado seco como un palo, y ya solamente le quedan huesos y piel, pues dice:
“Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado a mi carne”.
El sufrimiento del salmista es demoledor y afectó a sus emociones y a su físico, está derrumbado y desconocido físicamente.
Pero, en medio de tanto sufrimiento, no se dedica a compadecerse y dejarse morir, sino que ora a Dios, expone su situación y pide ayuda, Solo Dios puede, pero a Dios va.