Salmo 102 – Esperanza de adorar (562)

Estamos recorriendo el salmo ciento dos, ya sabes, un par de versículos cada día para atender bien a su significado para nosotros, pero, para no perder de vista el contexto de los mismos, lo cual podría desviar la explicación de esos versículos del contenido del resto salmo, leemos cada día una parte suficiente del salmo para que nos de luz sobre los versículos que comentaremos.
Este salmo ciento dos es una oración que expresa primero sufrimiento y después esperanza y la esperanza ocupa la mayor parte del salmo.
Vamos pues a leer los diez versículos finales del salmo ciento dos, desde el diecinueve al veintiocho, que dicen así:
“Porque miró desde lo alto de su santuario; Yahweh miró desde los cielos a la tierra, Para oír el gemido de los presos, Para soltar a los sentenciados a muerte; Para que publique en Sion el nombre de Yahweh, Y su alabanza en Jerusalén, Cuando los pueblos y los reinos se congreguen En uno para servir a Yahweh. El debilitó mi fuerza en el camino; Acortó mis días. Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; Por generación de generaciones son tus años. Desde el principio tú fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no se acabarán. Los hijos de tus siervos habitarán seguros, Y su descendencia será establecida delante de ti”.
Como ya hemos leído los versículos diecinueve al veintiocho, para tener delante el contexto de nuestra Mirada de hoy, vamos ahora a concentrarnos en los dos versículos que meditaremos leyéndolos de nuevo antes de comentarlos. Los versículos veintiuno y veintidós, del salmo ciento dos, dicen así:
“Para que publique en Sion el nombre de Yahweh, Y su alabanza en Jerusalén, Cuando los pueblos y los reinos se congreguen En uno para servir a Yahweh”. El salmista acaba de mencionar la liberación para vida y ahora se traslada al santuario para hablarnos de su esperanza de una adoración universal.
Comienzan estos versículos hablando de un grandioso propósito, diciendo: “Para que publique en Sion el nombre de Yahweh”.
Es el propósito de Dios que su nombre, es decir lo que Él es y hace, sea dado a conocer desde su casa. Y cuando se recuerda lo Dios es y hace, es inevitable contener la alabanza, por eso añade el salmo:
“Y su alabanza en Jerusalén”. En este siglo, tan tecnológico, y tan orgulloso de su ciencia, hace falta volver los ojos y toda nuestra atención a todo lo que Dios es y a su magnífica obra como Creador y Salvador, para retomar una adoración auténtica que le reconozca, le proclame y le alabe y reivindique su gloria y su señorío universal.
Las dos frases finales de estos versículos miran hacia un futuro de culto universal a Dios sin limitaciones, pues dicen:
“Cuando los pueblos y los reinos se congreguen En uno para servir a Yahweh”.
Esta alabanza unánime, este servicio universal de adoración, este servicio a Dios, sin fisuras ni esclavitudes, está en el centro de nuestra esperanza.