Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 103 – Bendiciendo sinceramente (566)

Imagen del programa Salmo 103 – Bendiciendo sinceramente (566) en Radio Solidaria

Hoy comenzamos con el salmo ciento tres. Este salmo, que es uno de los favoritos de millones de lectores, se dedica todo él a bendecir a Dios, o sea, a decir cosas buenas de Él.

Hemos titulado el salmo “Bendiciendo”, ya que bendecir es, según el diccionario: Alabar, engrandecer, ensalzar, y eso hace con Dios todo el salmo, o mas bien, su autor, que es David, quien fue pastor, salmista y rey, quien tuvo una vida de intensa relación con Dios.

Como hemos hecho en otros salmos, cada día leemos unos versículos del salmo para tener una idea general y comentamos uno de ellos.

Vamos allá. Los versículos uno al seis del salmo ciento tres, dicen así:

“Bendice, alma mía, a Yahweh, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Yahweh, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. Yahweh es el que hace justicia Y derecho a todos los que padecen violencia”.

Como te dijimos antes, hemos leído solamente un pequeño trozo del salmo ciento tres, con la finalidad de tener presente el contexto de nuestra Mirada de hoy.

Seguidamente vamos a leer de nuevo el versículo primero, que será objeto de nuestra meditación. El versículo uno, del salmo ciento tres, dice así:

“Bendice, alma mía, a Yahweh, Y bendiga todo mi ser su santo nombre”. A la vista de estas palabras, queda muy claro que la alabanza del salmista sale de lo más profundo de si intimidad, que es absolutamente sincera, sin áreas de frialdad. Es como si fuese un proceso que nace en su interior y lo llena todo, vamos a verlo con detalle.

En primer lugar, es necesario recordar que estas exclamaciones surgen de las razones que más adelante nos dirá el salmo, así que esto es la superficie y los próximos días escarbaremos debajo.

La segunda cosa importante, es que la alabanza es voluntaria. El salmista dice bien de Dios sin coacción o temor alguno, sino, solamente por gratitud, como veremos cuando vayamos avanzando por el salmo. La primera frase del salmo sale del corazón, pues, dice: “Bendice, alma mía, a Yahweh”.

Esto significa que los beneficios recibidos son tantos que las alabanzas brotan incontenibles. Porque la verdadera alabanza es la que tiene motivos comprendidos y experimentados. Nunca puede ser algo aprendido, sino algo plenamente sentido. Pero el salmista David, añade aun algo más que completa la expresión de su sentir, pues dice: “Y bendiga todo mi ser su santo nombre”.

Esto también es importante, pues, quiere decir que su alabanza no es solamente mental, o meramente emocional, sino que es un deseo de alabar a Dios que invade todos los rincones de su ser y no solo su mente o sus emociones. Creo que, si repasamos y meditamos, con calma y profundidad, en lo que Dios es y hace por nosotros, también sentiremos la necesidad de alabarle espontáneamente con todas nuestras fuerzas.

Meditemos con calma, iluminados por la Biblia y la alabanza será incontenible.