Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 103 – Bendiciendo perdonado (568)

Imagen del programa Salmo 103 – Bendiciendo perdonado (568) en Radio Solidaria

Estamos recorriendo, despacito, el salmo ciento tres. Su autor fue David, y el salmo es un reflejo de su relación con Dios, ya que en este salmo hace un detallado repaso de las bondades de Dios para con él.

Por esa razón hemos dado al conjunto del salmo el título de “Bendiciendo”, porque bendecir es decir bien. Como estamos haciendo en los salmos extensos, también en este, lo hemos fraccionado en varias partes, para leer cada día parte del salmo y comentar uno o dos versículos de esa parte que hemos leído previamente. De esa forma, atendemos al contexto de lo que comentamos.

Los versículos uno al seis, del salmo ciento tres, dice así: “Bendice, alma mía, a Yahweh, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Yahweh, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. Yahweh es el que hace justicia Y derecho a todos los que padecen violencia”.

Como ya hemos leído los seis primeros versículos del salmo, ahora vamos a leer de nuevo el versículo tres, sobre el cual fijaremos nuestra Mirada de hoy.

El versículo tres, del salmo ciento tres, dice así: “Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias”.

Como hemos leído hace un momento, el salmo comienza alabando a Dios de todo corazón y proponiendo recordar los motivos de esa alabanza, porque la alabanza auténtica a Dios, solo puede producirse después de recibir un beneficio ya que es una reacción de gratitud y reconocimiento. Por eso, alabar no puede ser una lección aprendida sino algo sentido, como le ocurre al salmista. Y vamos con el versículo tres, que acabamos de leer, y que dice así:

“Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias”. Esto es grandioso.

El salmista recuerda, hablando consigo mismo, que Dios le ha perdonado, porque se dice: “Él es quien perdona todas tus iniquidades”.

Fijémonos bien que dice a su alma que Dios perdona TODOS sus pecados, y todos, son todos.

Este solo hecho ya da para escribir un salmo aun más extenso que este, porque quiere decir que habiendo ofendido a Dios, que es la ofensa más grave, ha recibido el perdón de todas las ofensas, las más graves lo mismo que las leves. Entendamos bien. Dios perdona todo.

¡Asombroso! ¡Maravilloso! ¿Cómo no alabar tras este ejercicio íntimo de recordar?

Es posible que no nos demos cuenta que esto es lo más extraordinario que podamos recordar, porque no dice que Dios impone deberes y después perdona, sino que perdona a cualquiera que, después de darse cuenta de su pecado, es decir de ofender a Dios, y que por si mismo no puede repararlo, de todo corazón busca su perdón arrepentido. Y ya sabes que arrepentirse es cambiar de conducta al darse cuenta del pecado, es decir dejarlo. Porque sería una burla, una blasfemia, pedir perdón y seguir lo mismo.

¿No crees? ¿Te das cuenta que has pecado contra Dios y que no puedes arreglarlo? Arrepiéntete y pídele perdón.