Salmo 103 – Bendiciendo por su amor (572)

Estamos recorriendo el salmo ciento tres, uno de los muchos salmos de David, que es favorito de muchísimos lectores por la enorme riqueza de su contenido.
Todo el salmo es una alabanza a Dios, un reconocimiento de lo que Él es y ha hecho por su pueblo, por eso, lo hemos titulado “Bendiciendo”, porque bendecir es decir bien, o sea, hablar bien, que equivale a alabar.
Cada día, leemos unos cuantos versículos, para no perder de vista el contexto, y comentamos uno de ellos. Hoy leeremos los versículos siete al doce y comentaremos el versículo ocho.
Vamos, pues, a leer. Los versículos siete al doce, del salmo ciento tres, dicen así:
“7 Sus caminos notificó a Moisés, Y a los hijos de Israel sus obras. 8 Misericordioso y clemente es Yahweh; Lento para la ira, y grande en misericordia. 9 No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. 10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. 11 Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. 12 Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. Vamos ahora, después de leer estos versículos que nos recuerdan de que trata el salmo, a leer el versículo que será nuestro tema de hoy, que será el versículo ocho que alaba el amor de Dios. Vamos a leerlo de nuevo. El versículo ocho, del salmo ciento tres, dice así: “8 Misericordioso y clemente es Yahweh; Lento para la ira, y grande en misericordia”.
Estas dos frases, resumen el amor de Dios para con nosotros. Vamos a examinarlas, una por una, para poder unirnos a la alabanza del salmista. La primera frase del versículo ocho, del salmo ciento tres, dice:
“Misericordioso y clemente es Yahweh”. Dios se reveló a su pueblo, sobre todo, como compasivo, ya que, una y otra vez, demostró su compasión con ellos, a pesar de sus constantes rebeldías, porque el amor y compasión de Dios predominan en su trato con nosotros, ya que, si no fuese así, ya no habría nadie sobre la tierra. ¿O acaso, creemos ser nosotros mejores que ellos?
Es muy importante que el salmo no dice que se mostró en un momento dado, sino que es, o sea, el amor es su carácter permanente. Pero, la segunda frase del versículo amplía comprensión de la manifestación del amor de Dios, pues, dice que Dios es:
“Lento para la ira, y grande en misericordia”. Dicho de otra manera, Dios tiene una maravillosa paciencia con nuestros múltiples fallos, porque, como dijo el apóstol Pablo, muchos años después, cuando escribió la definición del amor, en su primera carta a los corintios, “el amor todo lo espera”. Por eso Dios tarda en airarse con nosotros.
¿Cómo es posible que tantas veces abusemos de su paciencia? Démosle gracias con el salmista porque es “lento para la ira”. Sobre todo, porque esa paciencia con nosotros, es porque su misericordia, su amor compasivo con nosotros, es grande, y grande, en la medida de Dios, es infinito.
Por lo tanto, demos gracias a Dios, alabémosle por su compasión y paciencia con nosotros, que son prueba de su excelso amor.