Programa 3097 – Amigos en Radio Solidaria (8/5/2025)

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Prosigo a la meta con Sully de Barra: Fortaleciendo la perseverancia (1ª parte).

Continuamos hablando de esas áreas que debemos fortalecer en nuestra vida en este camino hacia la meta, porque es innegable que cada cierto tiempo nos vamos a encontrar con situaciones obstáculos y aún personas que pueden querer venir a entorpecer la obra de Dios en nosotros y antes que las cosas sucedan debemos fortalecer esas áreas para el fuego de la prueba no nos consuma, sino que podamos salir más fuertes y mejores como el oro que después de pasar por el fuego, tiene más valor.
Y hoy comenzamos a hablar de FORTALECER LA PERSEVERANCIA, perseverancia en nuestra vida personal, perseverancia en Cristo, perseverancia en la obra del Señor, perseverancia en la fe o perseverancia en las cosas que hacemos todos los días.
Comencemos hablando ¿Qué es la perseverancia? La perseverancia esa capacidad que tenemos de mantenernos firmes y constantes en algo, incluso cuando enfrentamos dificultades, desánimo o falta de resultados inmediatos. Es seguir avanzando, confiando en que, a su debido tiempo, veremos los frutos de nuestro esfuerzo. La palabra dice claramente en Gálatas 6:9 «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.» Y es que es innegable que todos podemos cansarnos de perseverar, cansarnos de hacer el bien, cansarnos de mantener una vida activa de fe, un día y otro, en tiempo buenos y en tiempo no tan buenos.
Perseverar es algo que todos valoramos… pero no todos practicamos con constancia. Muchas veces comenzamos algo con entusiasmo, pero con el tiempo, abandonamos proyectos, relaciones, estudios, hábitos saludables, metas espirituales o compromisos. Y es difícil porque perseverar implica luchar contra uno mismo y contra las circunstancias. No siempre veremos resultados rápidos, y eso puede desmotivarnos.
Encontré una cita que me gustó mucho que dice “la perseverancia no nace de la emoción, sino de la convicción: creer que vale la pena seguir, incluso cuando no se ve el resultado aún.” Por eso es tan importante la perseverancia porque emocionalmente podemos tomar decisiones pero la perseverancia no es una emoción es una convicción que nos lleva a CREER QUE VALE LA PENA SEGUIR, aunque no veamos resultados, aunque todo parezca contrario, aunque vayamos contracorriente.
En este camino hacia la meta es DETERMINANTE la perseverancia, porque el camino es largo y es angosto, pero VALE LA PENA que nos esforcemos y mantengamos la mirada en el Señor para no cansarnos, para no abandonar sino perseverar.
Hoy quiero comenzar este tema hablando de varios enemigos que podemos tener para que la perseverancia no pueda ser constante en nuestra vida, hay muchos como la impaciencia, el desánimo, la falta de fe, pero hay otros un poco más ocultos que son de los que hoy quiero hablar porque si los conocemos, estaremos más alertas para identificarlos y ver si estamos luchando con alguno o con varios ya que estos enemigos no van a fortalecer la perseverancia, sino que van a debilitarla y destruirla.
El pecado oculto: Cuando vivimos con algo que sabemos que no agrada a Dios, eso debilita nuestra fuerza espiritual y nos hace tropezar una y otra vez. La palabra dice en el Salmo 66:18 – “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.” El pecado oculto puede convertirse en uno de los mayores enemigos de la perseverancia porque será una debilidad interior que no va a permitir que crezcamos, que avancemos en nuestro camino de fe y que perseveremos, así como la polilla va corroyendo por dentro un cosa o un mueble, aparentemente se ve bien y no pasa nada, interiormente cada vez seremos más débiles y un día se romperá y se verá el daño tan grande que ha causado, por eso para perseverar en el Señor es muy importante no tener pecado oculto, porque eso nos apartará de la comunión con Dios, de la paz de Dios y finalmente de perseverar en la fe.
Auto-sabotaje: Creo que este es uno de los más fuertes y con los que debemos luchar, porque es ir contra nosotros mismos, porque aunque sabemos que lo debemos hacer evitamos el esfuerzo o creamos obstáculos para justificar posibles fracasos. Proverbios 24:10 – «Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida.» Para perseverar la lucha primeramente es con nosotros mismos, pero no estamos solos, tenemos a Cristo en nosotros que nos ha dicho que todo lo podemos en Él que es quien nos fortalece.
El conformismo: Otro gran enemigo de la perseverancia es conformarnos o pensar que “ya es suficiente” o que “así está bien” eso nos impide seguir creciendo y luchando por lo que Dios tiene para nosotros. Filipenses 3:13-14 – “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…” El conformismo es un gran enemigo de la perseverancia y nos puede llevar a una vida en Cristo sin frutos, podemos pasar 30 años en la obra del Señor pero sin ver crecimiento alguno en nosotros, aparentemente somos perseverantes, porque no estamos en el mundo, pero nuestra vida espiritua…
Prosigo a la meta con Sully de Barra: Fortaleciendo nuestra dependecia en Dios (3ª parte).

A lo largo de estas semanas hemos reflexionado sobre la importancia vital de vivir dependiendo de Dios en este camino hacia la meta eterna. Porque es importante que fortalezcamos áreas espirituales en nosotros que nos ayudarán en momentos de prueba, en nuestro día a día y en cada situación que podemos enfrentar.
Depender significa reconocer que necesitamos de alguien más para vivir, avanzar o lograr algo. Es saber que no lo podemos todo solos, y que necesitamos ayuda, guía, apoyo o fuerza que no tenemos por nosotros mismos.
Cuando hablamos de depender de Dios, significa que confiamos en Él para todo: nuestras decisiones, nuestras fuerzas, nuestro futuro, nuestras necesidades. Es como cuando un niño confía en su padre para que lo cuide, lo alimente, lo guíe y lo proteja… así también nosotros, como hijos de Dios, confiamos plenamente en que Él sabe lo que es mejor para nosotros y está con nosotros siempre.
En las entregas anteriores vimos que hay enemigos que buscan debilitar esa dependencia del Señor, algunas de ellas son la autosuficiencia, que nos hace creer que no necesitamos a Dios; el afán por tener el control, que genera ansiedad e impide que dejemos que Dios dirija nuestras decisiones; y la impaciencia, que nos lleva a adelantarnos a los tiempos de Dios.
También hablamos de cómo podemos cultivar y fortalecer esa dependencia cada día, a través de acciones como buscar al Señor en oración diariamente, leer Su Palabra, rendir nuestra voluntad, reconocerlo en todos nuestros caminos y confiar en su provisión sin preocuparnos, sabiendo que Él cuida de nosotros.
Hoy quiero que miremos hacia las Escrituras para ver a personajes bíblicos que vivieron dependiendo totalmente de Dios, y a través de su ejemplo, podemos descubrir cómo esa fortaleza en sus vidas era firme, porque aprendieron a depender de Dios en todo momento y ante cualquier situación.
MOISÉS – no avanzar sin la presencia de Dios: En Éxodo 33:15 – “Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.” Moisés un hombre de fe sin duda alguna era un hombre que dependía de Dios al cien por ciento. Aprendió a lo largo de su vida que para los grandes retos y desafíos que Dios había puesto en sus manos tenía que depender completamente de Dios y dejarse guiar por Él, por eso no se atrevía a dar un paso si no era con Su presencia. En medio de la misión de guiar al pueblo de Israel, él comprendió que sin Dios no había ningún camino seguro. Y su ejemplo nos enseña a fortalecer nuestra dependencia del Señor porque realmente no deberíamos movernos nunca por impulsos, por emociones o por sentimientos, sino por la dirección de Dios, Moisés podría haber confiado en sus decisiones, en su propia sabiduría, pero no, él dependía de Dios para avanzar y con toda certeza dijo “si tu presencia no va conmigo, no nos saques de aquí”. ¿Dependemos hasta ese punto del Señor en nuestra vida? Si el Señor no va con nosotros, tampoco damos un paso? Es un punto para reflexionar y comenzar a fortalecer nuestra dependencia de Dios, haciendo un compromiso con el Señor y si Él no viene, nosotros tampoco vamos.
DAVID – Buscar a Dios en todo: 1 Samuel 30:8 – “Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.” En uno de los momentos más oscuros de su vida, David regresa a Siclag y descubre que su ciudad ha sido destruida y que sus esposas, hijos y los de sus hombres han sido llevados cautivos. Los hombres de guerra que le acompañaban, llenos de dolor y desesperación, incluso pensaron en apedrearlo. Pero en medio del caos, David no se dejó llevar por la angustia ni por su experiencia como guerrero, no tomó decisiones precipitadas. La palabra dice el “se fortaleció en Jehová su Dios» y luego dice que consultó a Dios antes de tomar cualquier decisión. Esta actitud revela una dependencia total de Dios, buscar su dirección aun cuando todo parece derrumbarse. David no actuó por impulso ni por orgullo. Él esperó la dirección del Señor y fue esa dependencia la que marcó el rumbo correcto para la victoria que vendría después. Su ejemplo nos recuerda que depender de Dios no es debilidad, sino una fortaleza espiritual. En cada batalla de la vida, consultar a Dios antes de actuar es una señal de madurez y confianza en Él.
JESÚS – Dependía del Padre en todo: Juan 14:10 dice “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.” Jesús no actuaba por sí solo, ni hacía nada por su propia cuenta como dice esta escritura. Dependía del Padre cien por ciento. Aunque era Dios mismo, Jesús vivió cada día de Su vida dependiendo completamente del Padre. No actuaba por su cuenta, no hablaba lo que quería, el Padre moraba en Él, cada palabra, cada acción, cada milagro, cada cosa que Jesús hacía, lo hacía con el Padre que mor…
Laboratorio de pensamientos con Carlos Fumero: La amenaza del individualismo.

¿Qué es el individualismo y qué peligros nos presenta hoy? Así comenzamos nuestra reunión, reflexionando en grupos pequeños sobre un mal silencioso que nos divide más de lo que creemos.
1. Un reino dividido no puede prevalecer (Mateo 12:25)
El enemigo lo sabe: si nos separa, nos vence. El individualismo espiritual nos aísla y debilita. La fe no es un asunto privado; es un llamado a vivir en comunidad.
2. Jesús no vino a salvar individuos, sino a formar un pueblo
Jesús murió por su iglesia, por una familia espiritual. Desde Abraham hasta Apocalipsis, el plan de Dios siempre fue colectivo.
3. Los “unos a los otros”: el diseño de Dios para la vida cristiana
La Biblia está llena de mandatos que solo se pueden vivir juntos: amar, perdonar, exhortar, orar, servir… La vida cristiana no es solitaria, es relacional.
4. La iglesia es una familia, no un espectáculo
No somos consumidores de cultos, sino miembros de una familia donde se aprende a amar en medio de las diferencias y conflictos.
5. Los grupos pequeños: la escuela de los “unos a los otros”
No son opcionales, son el contexto donde crecemos como discípulos. Jesús formó uno. ¿Por qué deberíamos vivir nuestra fe de otra forma?
¿Vas a vivir tu fe solo o en comunidad?
Hoy es el día de romper con el individualismo y abrazar el plan de Jesús: una iglesia viva, unida y sanadora. Tu lugar está en la familia de Dios.
David: El Señor es mi pastor y nada mefaltará.

Cuando decimos que el Señor es nuestro pastor, reconocemos que no estamos solos, que alguien nos guía, nos protege y vela por nosotros incluso en los momentos más difíciles. Un pastor cuida a sus ovejas con ternura, las conduce a pastos verdes, las protege del peligro y las rescata cuando se extravían.
Así es Dios con nosotros. En medio de la incertidumbre, del dolor, de las decisiones complicadas de la vida, Él camina delante de nosotros, abriéndonos camino. A veces no entendemos por qué pasamos por ciertos valles oscuros, pero la promesa permanece: “aunque camine por valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo” (Salmo 23: 4).
Este salmo nos invita a descansar en la fidelidad de Dios, a confiar en que, aunque no veamos el final del camino, Él lo ha trazado con amor.
Confía hoy en tu Pastor. Él nunca abandona a sus ovejas.
¿Cómo puedo vencer la tentación?

Todos enfrentamos tentaciones. No importa si eres nuevo en la fe o llevas años caminando con Dios; la tentación es parte del camino. Pero no estás solo, y sí es posible vencerla. La Biblia no solo nos advierte sobre la tentación, también nos da herramientas para salir victoriosos.
1. Reconoce que la tentación no es pecado
Ser tentado no es pecado. Jesús fue tentado en todo, pero nunca pecó (Hebreos 4: 15). La tentación se convierte en pecado solo cuando decidimos ceder.
️ 2. Fortalece tu mente con la Palabra
Cuando Jesús fue tentado por Satanás en el desierto, respondió con la Escritura (Mateo 4).
Memoriza versículos
“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” – Salmo 119: 11
3. Ora antes de la batalla, no solo en ella
Jesús dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26: 41).
La oración te fortalece antes del momento de la lucha. No esperes a estar débil para buscar fuerza.
4. Dios siempre deja una salida
Nunca estás atrapado. No importa cuán fuerte parezca la tentación, siempre hay una salida.
“Pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir…” – 1 Corintios 10: 13
✋ 5. Evita las puertas de entrada
Muchas veces caemos porque nos acercamos demasiado. Evita lugares, conversaciones o contenidos que te empujan hacia lo que sabes que te hace tropezar. No alimentes lo que quieres vencer.
6. Rodéate de personas que te animen a vivir en santidad
No estás diseñado para vencer solo. Dios usa la comunidad para sostenerte. Busca alguien que ore contigo, te rinda cuentas, y te recuerde quién eres en Cristo.
Devocional de amigos con Diego Martín: Lecciones de un lunes oscuro, ansiedad y fe.

No todos los días comienzan con sol. Algunos lunes amanece nublado no solo el cielo, sino también el alma. El corazón se siente pesado, la mente corre sin descanso, y la ansiedad nos susurra mentiras: “No vas a poder”, “Todo va a salir mal”, “Estás solo”. Son esos días grises en los que la fe parece lejana y la esperanza, apenas un suspiro.
Pero incluso en esos lunes oscuros, Dios está presente. La ansiedad es una batalla real, pero no mayor que el amor y el poder de nuestro Padre. Él no se aleja cuando tiemblas, no se impacienta con tus preguntas, y no te rechaza cuando sientes que ya no puedes más. Él te susurra con ternura:
“Echa sobre mí tu carga, porque yo te sustentaré” (Salmo 55:22).
“No te dejaré ni te desampararé” (Hebreos 13:5).
La fe no siempre se siente como un fuego ardiente. A veces es apenas una chispa… pero basta. Porque no se trata de la fuerza de tu fe, sino del Dios en quien confías.
Cada lunes oscuro te da la oportunidad de elegir: ¿Escucharás al miedo o confiarás en la promesa? ¿Te quedarás en el valle o caminarás, sabiendo que Él va contigo?
Hoy puede parecer gris, pero Dios sigue siendo luz.
La ansiedad puede gritar fuerte, pero la paz de Cristo susurra más profundo.
Tu debilidad es real, pero Su gracia es mayor.
El Cuarto de Atrás: El bien de los niños.

Los niños ocupan un lugar muy especial en el corazón de Dios. Su inocencia, su confianza plena y su humildad reflejan las cualidades que el Señor valora en todos nosotros. Cuidar del bien de los niños no es solo una responsabilidad social, sino una vocación cristiana profunda.
Proteger a un niño, educarlo en la fe, brindarle amor y un entorno seguro es construir el Reino de Dios en la tierra. Cada acto de ternura, cada palabra de aliento, cada gesto de paciencia hacia un niño es un reflejo del amor de Cristo por la humanidad.
En un mundo donde muchos niños sufren abandono, violencia o indiferencia, los cristianos estamos llamados a ser instrumentos de justicia y ternura. Debemos alzar la voz por aquellos que no pueden hacerlo, y actuar con el corazón de Cristo, que nunca fue indiferente ante el sufrimiento de los pequeños.
Que cada uno de nosotros recuerde que, al hacer el bien a un niño, lo hacemos al mismo Jesús, quien nos enseñó: «Y el que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.» (Mateo 18:5)