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Laboratorio de pensamientos con Carlos Fumero: ¿Sana doctrina… sin discípulos?

En muchos sectores del pueblo evangélico se oye con fuerza la frase: “defendemos la sana doctrina”. Se proclama con convicción el deseo de ser una “iglesia bíblica”, de vivir “para la gloria de Dios” y de mantener una fe pura, sin contaminación del mundo.

Sin embargo, en no pocos casos, detrás de esta fachada doctrinalmente correcta, se esconde una gran omisión: la ausencia de un plan intencional para hacer discípulos.

La Gran Comisión (Mateo 28:18-20), que Jesús dejó como mandato central a su Iglesia, es ignorada en la práctica. Se enseña la Biblia, sí. Se predica con celo, sí. Pero no se hace discípulos que hagan discípulos, y no se cultiva una cultura de multiplicación.

En su afán por vivir en santidad y fidelidad a la Escritura, muchas iglesias han terminado refugiadas en una santidad individualista, escondidas detrás de un escritorio, una doctrina o incluso el propio estudio bíblico. Se ha caído, sin quererlo, en el error de confundir conocimiento con obediencia, y defensa teológica con fruto visible.

Y entonces nos enfrentamos a una pregunta incómoda pero necesaria:
¿Puede una iglesia ser realmente bíblica si no obedece el mandato central de Jesús de hacer discípulos?

Decir que se vive “para la gloria de Dios” mientras se desobedece su encargo más claro, es como proclamar amor por el Rey ignorando su voluntad.

La verdadera fidelidad a la sana doctrina no se demuestra solo en lo que creemos, sino en lo que hacemos con lo que creemos.
Jesús no nos llamó a acumular estudios, sino a formar personas que le sigan, le obedezcan y le reproduzcan en otros.

Hacer discípulos no es un ministerio más: es el corazón de la Iglesia.

Prosigo a la meta con Sully de Barra: Fortaleciendo la perseverancia (2ª parte).

Hoy continuamos hablando de esas áreas que necesitamos fortalecer en nuestra vida para poder permanecer en este camino hacia la meta y llegar a ella. Áreas en nuestra vida que en algunos momentos son débiles, pero que sí procuramos fortalecerlas se pueden convertir en pilares sobre los que podemos fundamentar nuestra fe.

En la entrega anterior comenzamos hablando de fortalecer la perseverancia, ya que muchas veces es difícil mantenerla especialmente cuando NO vemos resultados inmediatos. También estuvimos hablando de algunos enemigos que tiene el ser perseverantes, como es tener pecado oculto, auto sabotearnos nosotros mismos poniendo excusas, el conformarnos y la dureza de corazón.

Vamos a recordar qué es perseverar? Perseverar es continuar avanzando aunque no sea fácil, aunque haya obstáculos o los resultados no lleguen pronto, es mantenerse firme en un propósito, firmes en la fe, sin rendirnos, por ejemplo de forma natural perseveran aquellos que se van a enfrentar a una carrera o una competición, también en los estudios se persevera para obtener un ciclo escolar terminado o por ejemplo en la agricultura, cuando se espera el fruto de la siembra, pero se persevera cuidando y trabajando la tierra y todo el proceso de crecimiento hasta obtener la cosecha, eso es perseverar.

En la Palabra de Dios perseverar no es solo resistir y mantenerse, implica permanecer firmes en el Señor en Su Palabra en su voluntad sin mirar atrás, el Señor lo dijo en Mateo 24:13 «Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo», Así que la perseverancia no es solo importante para nuestra vida diaria aquí en la tierra, sino que también es vital para nuestra salvación y vida eterna.

Antes de hablar de esas cosas que podemos hacer para perseverar quisiera explicar brevemente qué cosas NO SON PERSEVERANCIA y que a veces creemos que estamos perseverando: Asi que PERSEVERAR NO ES:

1. Insistir sin dirección de Dios, perseverar no significa empeñarnos y seguir en algo que Dios no nos ha mandado hacer o nos ha dicho que no, porque eso es obstinación, no perseverancia.

2. Repetir lo mismo sin corregir errores. Perseverar tampoco es seguir haciendo lo mismo sin aprender de los errores, porque perseverar incluye crecer, mejorar o corregir, pero cuando insistimos en algo que no corregimos, no es perseverancia, eso es necedad.

3. Aguantar por orgullo, no por convicción Perseverar tampoco es mantenernos por el que dirán o no ceder por orgullo cuando insistimos en algo y no admitimos que necesitamos ayuda, eso no es perseverancia, es autosuficiencia.

4. Ser constante solo cuando todo va bien. Perseverar tan poco es mantenerse en algo solo cuando las cosas van bien, porque la verdadera perseverancia se va a probar en la dificultad, si solo permanezco cuando todo va bien no estoy perseverando, estoy actuando por interés.

Hay muchas cosas que podemos hacer para fortalecer el área de la perseverancia en nosotros, pero hoy vamos a hablar de cuatro cosas que podríamos poner en práctica en nuestra vida diaria para fortalecer la perseverancia.

Poner nuestra mirada en la meta. Perseverar se hace más difícil cuando perdemos el enfoque y la visión del propósito por el cual comenzamos en algo. En el camino hacia la meta tenemos que recordar qué es lo que queremos alcanzar, para que el cansancio y los obstáculos no nos desanimen fácilmente, tenemos que enfocarnos hacia dónde vamos, la palabra lo dice claramente en Hebreos 12:1-2 “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús…”. Para cualquier área de nuestra vida en la que tenemos y queremos permanecer debemos poner los ojos en Jesús, cuando la mirada está puesta en Él, iremos fortaleciendo la perseverancia en nuestro corazón y se convertirá en una forma de vida, pero siempre puestos los ojos en Jesús.

Orar constantemente y sin desmayar. Querer perseverar sin orar es como caminar sin respirar porque cuando oramos entregamos todas las cargas, todo el peso que llevamos sobre nosotros y que nos impide ir ligeros de equipaje en el camino hacia la meta, pero cuando no oramos va a ser muy fácil desmayar abandonar y la perseverancia estará muy lejos de nosotros, cualquiera que sea el área en la que queramos perseverar la oración es vital, Colosenses 4:2 dice “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”.

Nutrirnos diariamente de la Palabra de Dios. Si queremos perseverar en algo primero debemos perseverar en leer la Palabra de Dios diariamente, muchas veces queremos perseverar y persistir en cosas que son importantes y dejamos lo esencial para otro momento, pero tenemos que llegar al entendimiento, que si no recibimos el alimento de la Palabra de Dios, nos vamos a debilitar y no nos vamos a mantener firmes cuando toda nuestro alrededor parezca derrumbarse. Romanos 10:17 dice «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.» Para poder perseverar necesitamos fe y la fe viene por el oír la Palabra de Dios este alime…

¿EL ANTICRISTO YA ESTÁ AQUÍ? El Mesías que Quiere Unir Judíos, Cristianos y Musulmanes

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Una noticia está generando un intenso debate entre quienes estudian las profecías bíblicas y los acontecimientos actuales en Jerusalén.

Abdullah Hasen Aba Al Sadik afirma ser el sucesor de Jesucristo, del profeta Mahoma y de Simón Pedro. Además, ha hecho un llamamiento para que judíos y árabes colaboren en la reconstrucción del Tercer Templo en Jerusalén.

¿Estamos ante un simple líder religioso más o frente a una figura que encaja con las advertencias bíblicas sobre los falsos mesías y el espíritu del anticristo?

En esta entrega analizamos esta impactante noticia a la luz de las Escrituras y de las profecías relacionadas con los últimos tiempos.

📖 Pasajes mencionados:

• Daniel 9:27
• Mateo 24
• 1 Tesalonicenses 5:3
• 1 Juan 4:3

⚠️ Este contenido presenta un análisis religioso basado en interpretaciones bíblicas.

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¿Crees que estamos viendo una señal profética o simplemente otro líder religioso controvertido?

#Anticristo #ProfeciasBiblicas #UltimosTiempos #Apocalipsis #TercerTemplo #Jerusalen #Biblia #Cristianismo

El hijo pródigo: ¿Te has alejado de Dios?

En esta parábola, el hijo menor representa a los pecadores que se alejan de Dios y luego regresan arrepentidos. El hermano mayor, en cambio, representa a los que han permanecido “fieles” en apariencia, pero su corazón está lejos del amor del Padre.

¿Qué revela el hermano mayor?

Una obediencia sin alegría

“He aquí, tantos años te sirvo… y nunca me has dado ni un cabrito” (Lucas 15: 29)

Aunque el hermano mayor ha estado «cerca» del padre, su obediencia no brota del amor sino del deber. Se siente como un siervo, no como un hijo. Esto nos enseña que es posible estar en la iglesia pero lejos del corazón del Padre.

Aplicación: ¿Sirves a Dios por amor o por costumbre? La vida cristiana no es solo cumplir normas, sino vivir en relación con Dios.

Un corazón lleno de juicio

“Este tu hijo… que ha consumido tus bienes con rameras” (v. 30)

No solo se niega a llamar “hermano” al pródigo, sino que exagera sus pecados. El juicio duro hacia los demás muchas veces revela nuestra falta de gracia interior.

Aplicación: ¿Criticas más de lo que oras por otros? La verdadera espiritualidad no se mide por cuántos errores ves en los demás, sino por cuánto amas y perdonas.
3. Incapacidad para alegrarse por el perdón

“Entonces se enojó, y no quería entrar” (v. 28)

El hermano mayor no puede compartir la alegría del padre. La salvación y el perdón de otros no le provocan gozo, sino envidia. Esto refleja un corazón endurecido.

Aplicación: ¿Te alegras cuando Dios restaura a alguien, aunque creas que “no lo merece”? El amor verdadero celebra la gracia, no compite por el favor de Dios.

No conoce verdaderamente al Padre

“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas” (v. 31)

A pesar de haber estado «dentro», el hijo mayor no comprende la generosidad del padre. El problema no era la falta de recompensas, sino que no disfrutaba de la relación con él.

Aplicación: Puedes estar cerca de las cosas de Dios, pero lejos de su corazón. ¿Estás disfrutando de tu relación con Dios, o simplemente cumpliendo?

Devocional de amigos con Diego Martín: Tú vales mas que nada para Dios.

A veces, la vida nos golpea tan fuerte que llegamos a pensar que no valemos nada. Nos sentimos olvidados, rechazados, insuficientes. El mundo tiene una forma cruel de medir el valor: por lo que haces, por lo que tienes, por cuán perfecto pareces. Pero Dios no ve como ve el hombre. Dios mira el corazón.

Para Dios, tú vales más que todo el oro, más que todos los logros, más que todos los reyes. Tu valor no se mide por tus éxitos o fracasos, sino por el precio que Él pagó por ti: la vida de Su Hijo Jesús.

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”
— Juan 3:16

No importa tu pasado, tus errores, ni lo que otros piensen de ti. Dios te ve con amor eterno. Él te creó a Su imagen, con un propósito, con un plan. No eres un accidente. Eres una obra maestra.

Hoy, si te sientes sin valor, recuerda esto: Para Dios, tú vales más que nada en este mundo. Valiste la cruz.