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⚠️PROFECÍA BÍBLICA⚠️ El presidente de Turquía pide la destrucción de Israel.

Un espacio para analizar la actualidad internacional con discernimiento espiritual, reconociendo las señales proféticas que apuntan al cumplimiento de los tiempos. Un viaje a través de la profecía bíblica, desde Génesis hasta Apocalipsis, para comprender el papel de Israel y los acontecimientos globales a la luz de las Escrituras. Un programa para estar preparado y entender el tiempo en el que vivimos.

A lo largo de la historia, el pueblo de Israel ha enfrentado persecuciones, exilios, guerras y rechazo. Desde Faraón hasta los imperios modernos, muchos han intentado destruirlo, pero Israel permanece. Esta permanencia no es casual: es parte de un propósito divino, profetizado en las Escrituras.

Una nación escogida, pero probada

Dios eligió a Israel como instrumento para revelar Su Palabra, Su Ley, y finalmente al Mesías, Jesús. Pero esa elección no significó inmunidad al sufrimiento. Al contrario, las Escrituras profetizan tiempos de gran tribulación:

«Será tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado.» — Jeremías 30: 7

Esta “angustia de Jacob” apunta a una persecución futura e intensa, pero también a una promesa de liberación. El dolor tiene propósito: llevar a la nación a un encuentro profundo con su Dios.

Perseguido, pero protegido

El enemigo ha intentado erradicar al pueblo de Dios, pero no ha podido. En Apocalipsis, Israel aparece como una mujer perseguida por el dragón:

«Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón…» — Apocalipsis 12: 13

Dios, sin embargo, da refugio y protección sobrenatural. Esto representa que, aunque Israel sea perseguido, no será destruido. Dios es fiel a su pacto.

Promesa de restauración

Los profetas también hablaron de un día en que todas las naciones verán a Israel restaurado espiritualmente y físicamente:

«Y derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron…» — Zacarías 12: 10