Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 5 «Defiéndeme»
Versículo 3 «Espera confiada»
Bienvenidos a Miradas. Nuestra mirada continúa hoy el acercamiento al salmo cinco, un salmo de David en el cual pide confiadamente a Dios ser defendido de sus enemigos, por esto hemos titulado al salmo «Defiéndeme».
Pues en él David dice: «Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová. Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor. Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino. Porque en la boca de ellos no hay sinceridad; Sus entrañas son maldad, Sepulcro abierto es su garganta, Con su lengua hablan lisonjas. Castígalos, oh Dios; Caigan por sus mismos consejos; Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera, Porque se rebelaron contra ti. Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor».
Detenemos nuestra Mirada hoy en el versículo tres que es una muestra clara de la confianza y dependencia con las que David espera confiadamente la respuesta de Dios, pues dice: «Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré».
David parece tener dos cosas claras con respecto a Dios, que atenderá su ruego, pero que el tiempo de Dios no es el suyo, porque Dios no mide el tiempo como él. El versículo se inicia con lo que parece una seguridad de ser atendido por la mañana, o, tal vez, una insistencia de David, comenzando a orar desde por la mañana, en la seguridad de ser escuchado, pues dice: «Oh Jehová, de mañana oirás mi voz», en todo caso, está muy claro que David no espera a que sea de noche, ni pone antes las tareas del día, sino que comienza el día presentándose delante de Dios, en ambas situaciones posibles, está claro que David está seguro de ser oído por Dios y por eso no deja de implorar. Pero David tiene igualmente clara su dependencia respetuosa de Dios, entendiendo que la agenda de Dios tiene otra forma de medir el tiempo, y que, por lo tanto, la confianza en Él incluye la paciencia, la espera confiada hasta que sea el momento de Dios, por eso dice: «De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré».
David se presenta aquí como un siervo, sumiso a su señor, que ya desde primera hora comparece ante él para recibir órdenes, en este caso a esperar respuesta a su ruego de ser defendido de sus enemigos, pero la espera es reverente, en actitud de dependencia, hasta que el que llama David Rey mío y Dios mío, le atienda.
Esta espera, confiada y respetuosa, en estos tiempos de lo inmediato para todo, suelen resultar difíciles.
Hemos de aprender que podemos confiar totalmente en Dios, pero que es Él quien decide el cuando y el como actuar. Pidamos y esperemos confiadamente.
(Por Daniel Valuja)
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