Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 5 Defiéndeme
Versículos 11 y 12: Mi defensa
Bienvenidos a Miradas. Terminamos hay nuestro paseo por el salmo cinco con una última mirada al mismo.
El salmo cinco es una petición de protección a Dios que hace el salmista David diciendo así:
«Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová. Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor. Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino. Porque en la boca de ellos no hay sinceridad; Sus entrañas son maldad, Sepulcro abierto es su garganta, Con su lengua hablan lisonjas. Castígalos, oh Dios; Caigan por sus mismos consejos; Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera, Porque se rebelaron contra ti. Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor».
Nuestra Mirada de hoy se fija en los versículos once y doce, que cierran el salmo, dejándonos un canto entusiasta de los que se saben defendidos por Dios por ser su pueblo. Vamos, que el salmista pide protección a Dios y tiene la seguridad de recibirla y de que será una defensa perfecta.
El salmista, como nosotros, no vivía en un mundo ideal, vivía en un mundo como el nuestro, y, además, tenía muchos enemigos, pero tenía a Dios de su parte, no por sus méritos sino por la grande misericordia de Dios.
Por eso el salmista manifiesta este entusiasmo, al que hemos aludido, y que debiera contagiarnos, en cuatro preciosas afirmaciones que veremos una por una. Primera: «Pero alégrense todos los que en ti confían».
La alegría no es por las dificultades, sino porque confía a Dios su cuidado y no hay seguridad mayor ni mejor, La mejor manera de enfrentar una dificultad en con Dios al lado, por eso se alegra.
Segunda: «Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes». Cuando el creyente se da cuenta que es el mismo Dios quien le defiende, y que esa defensa es permanente, es inevitable sentir un subidón de alegría, y ganas de cantarla, de gritarla, de proclamarla a voz en grito.
Tercera: «En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo».
Seguramente ya hemos aprendido que los justos no son los que tienen una vida perfecta, sino los que han puesto su fe en Cristo y procuran serle agradables. De estos, dice el salmista que se alegran porque reciben y recibirán las bendiciones de Dios.
Y Cuarta: «Como con un escudo lo rodearás de tu favor».
En cualquier defensa siempre queda un hueco, que no se puede cubrir, o que no se ha previsto, por el que puede colarse el enemigo, en la defensa de Dios no hay huecos porque rodea por completo al creyente.
Es como un abrazo protector y es el abrazo de Dios. Si Él te abraza alégrate y canta.
(por Daniel Valuja)
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