Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 6 Misericordia
Versículos 8 al 10: Liberación
Bienvenidos a Miradas. Terminamos hoy nuestro recorrido por el salmo seis. Este salmo fue compuesto por David, quien además de rey, fue pastor de ovejas y un brillantísimo poeta.
Aunque lo más notable de David fue su dependencia de Dios. David, como cualquiera de nosotros, no fue perfecto y tuvo graves caídas, pero siempre se volvió humildemente a Dios buscando restauración espiritual y los salmos que compuso son una muestra de sus diversas situaciones espirituales debidas a razones tanto políticas como sociales y personales, que él presenta delante de Dios. Este salmo seis es un ejemplo notable, pues reúne, al menos, tres razones que angustian y causan dolor al salmista.
En primer lugar hay pecado, pues David menciona reprensión y castigo, en segundo lugar hay enfermedad, tan grave que parece mortal, y, por si todo eso no fuese suficiente, los enemigos le acosan aumentando tanto su sufrimiento que pasa las noches llorando.
David, sabedor de su indignidad delante de Dios para merecer ayuda, se refugia en la misericordia divina para buscar el socorro que necesita con urgencia.
El salmo termina, como veremos hoy, con un entusiasta canto de liberación, porque Dios escucha su ruego, devolviéndole así la paz y el gozo espiritual que tanto necesitaba y anticipando la victoria sobre sus enemigos. Recordemos una vez más el salmo que dice:
«Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores. Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; Se volverán y serán avergonzados de repente».
Nuestra Mirada se detendrá en los versículos ocho al diez que cierran el salmo, con el canto de victoria que antes hemos mencionado, según el cual parece evidente que ya ha recibido, con la respuesta de Dios, el perdón de su pecado y la sanidad de su grave dolencia, porque solo menciona la inmediata derrota de sus encarnizados enemigos pues dice en estas palabras finales del salmo, que leemos de nuevo:
«Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; Se volverán y serán avergonzados de repente».
Con Dios de su parte, los enemigos ya no le preocupaban, su derrota era inminente y el arma secreta usada por David, tanto para su restauración espiritual como para su sanidad y victoria, fue la oración constante y fervorosa.
Si el Dios de David es tu Dios personal, como lo era de él, y estás en graves dificultades, ora con fervor y te responderá a su tiempo según tu necesidad.
Dios no ha cambiado.
(por Daniel Valuja)
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