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Salmo 7 – Súplica (33)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 7 Justicia

Versículos 1 y 2: Súplica

Bienvenidos a Miradas. Comenzamos hoy nuestro recorrido por el salmo siete, también de David, el salmista por excelencia; David en este salmo reclama la justicia de Dios, en tres peticiones sucesivas, para que le defienda de sus enemigos que le persiguen injustamente.

Vamos a leer el salmo deteniéndonos en cada sección del mismo para apreciar mejor cada detalle del mismo.

La primera demanda de justicia, que encontramos en los versículos uno y dos es una petición de socorro a Dios porque confía en Él y es perseguido con saña injustamente, pues dice:

«Jehová Dios mío, en ti he confiado; Sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame, No sea que desgarren mi alma cual león, Y me destrocen sin que haya quien me libre».

Esta primera petición es acompañada de una especie de juramento, muy serio, que nos da a entender que era inocente de lo que le acusaban sus perseguidores, pues dice:

«Jehová Dios mío, si yo he hecho esto, Si hay en mis manos iniquidad; Si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo (Antes he libertado al que sin causa era mi enemigo), Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela; Huelle en tierra mi vida, Y mi honra ponga en el polvo».

En la segunda petición, que encontramos en el versículo seis, el salmista reclama la acción punitiva de Dios contra sus enemigos, diciendo: Levántate, oh Jehová, en tu ira; Alzate en contra de la furia de mis angustiadores, Y despierta en favor mío el juicio que mandaste.

En el versículo siete y principio del ocho, el salmista anuncia a Dios en el juicio universal, pues dice: Te rodeará congregación de pueblos, Y sobre ella vuélvete a sentar en alto. Jehová juzgará a los pueblos;

Seguidamente, en el resto del versículo ocho y el versículo nueve, el salmista hace la tercera petición de un juicio justo, exponiendo de nuevo su inocencia y confiando en que Dios, el Juez Justo, conoce las intimidades de cada uno y restaurará su honor, al decir: Júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia, Y conforme a mi integridad. Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón.

Tal como hizo al comienzo del salmo, David proclama su total confianza en la justicia perfecta de Dios, pues dice: Mi escudo está en Dios, Que salva a los rectos de corazón. La perfecta justicia divina y las consecuencias de no arrepentirse ocupan los versículos once al dieciséis donde dice: Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días. Si no se arrepiente, él afilará su espada; Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado. Asimismo ha preparado armas de muerte, Y ha labrado saetas ardientes. He aquí, el impío concibió maldad, Se preñó de iniquidad, Y dio a luz engaño. Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; Y en el hoyo que hizo caerá. Su iniquidad volverá sobre su cabeza, Y su agravio caerá sobre su propia coronilla.

Termina el salmo en el versículo diecisiete alabando a Dios como Justo y Señor diciendo:

«Alabaré a Jehová conforme a su justicia, Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo».

¿Te has arrepentido de tus pecados? ¿Has confiado en el único digno de confianza? ¿Has puesto tu vida en las manos de Dios?

No retrases lo más importante de tu vida. Mañana puede ser tarde.

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