Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 8 Grande
Versiículos 8:3-4: Inmenso
Bienvenidos a Miradas. Estamos meditando, poco a poco, el salmo ocho, porque su rico contenido invita a saborearlo con calma.
El salmo canta de forma magistral la grandeza de Dios y millones de creyentes se deleitan leyendo y meditando en sus descripciones tan breves como grandiosas. Vamos a leerlo de nuevo para comprobarlo.
El salmo dice así:
«¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!». Después de leer el salmo nuestra mirada de se fijará detenidamente en los versículos tres y cuatro del mismo que dicen así: «Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?».
Ya que el salmo ensalza la grandeza de Dios como Creador y Señor estos versículos, a los que dedicamos hoy nuestra mirada atenta, surgen de un hombre que ha reflexionado mucho en esa grandeza y por eso se expresa con asombro ante la dignidad que Dios ha otorgado al hombre.
Años más tarde, su hijo Salomón nos deja una perla parecida pues en el segundo libro de Crónicas, capítulo seis y versículos diecisiete al diecinueve, se recogen una parte de las palabras pronunciadas por el rey Salomón en la dedicación del templo, que se relacionen con los versículos del salmo ocho, que son objeto de nuestra mirada de hoy, ya que Salomón dice:
«Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase tu palabra que dijiste a tu siervo David. Mas ¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que he edificado? Mas tú mirarás a la oración de tu siervo, y a su ruego, oh Jehová Dios mío, para oír el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de ti». Y es que la gran maravilla, la que asombra al salmista y nos asombra a nosotros es: ¿Cómo es posible que el Dios inmenso, el Todopoderoso, el Creador y Señor de todo el universo, nos preste atención?
Porque el salmista dice:
«Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?».
Es decir, en relación con la inmensidad del universo, somos insignificantes, y, sin embargo, Dios nos tiene en cuenta, y no solo nos tiene en cuenta, sino que se acerca a nosotros para traernos su salvación.
¿Verdad que es una poderosa razón para cantarle de todo corazón?
Porque su grandeza se manifiesta especialmente ofreciéndonos salvación.
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