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Salmo 11 – Diferencia (63)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 11 Justo

Versículo 5: Diferencia

Bienvenidos a Miradas. Seguimos mirando el salmo once, uno de los que escribió David, que nos plantea unas preguntas que alguna vez nos habremos hecho.

A veces, cuando parece que el mundo en que vivimos ya se ha quedado sin una sola referencia sólida de opinión y de conducta, cuando los valores que tenían su origen en Dios han sido sustituidos por otros que tienen como fundamento las veleidades humanas.

Llegamos a preguntarnos, ¿Dónde está Dios? ¿Es que no lo ve, o será que no le importa? ¿Qué hacer ante una situación así?

Eso parece sucederle al salmista David al inicio del salmo; pero cuando sus ojos se levantan hacia Dios se da cuenta que no debe angustiarse, porque la justicia de Dios actuará a su tiempo.

Vamos a leer el salmo, que solamente tiene siete versículos, para darnos cuenta de lo que hemos comentado, y seguidamente, pondremos nuestra Mirada de hoy sobre el versículo cinco para observarlo con más detalle.

El salmo dice así: “En Jehová he confiado; ¿Cómo decís a mi alma, Que escape al monte cual ave? Porque he aquí, los malos tienden el arco, Disponen sus saetas sobre la cuerda, Para asaetear en oculto a los rectos de corazón. Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo? Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres. Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece. Sobre los malos hará llover calamidades; Fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos. Porque Jehová es justo, y ama la justicia; El hombre recto mirará su rostro”.

Vamos ahora, como hemos prometido, a fijar nuestra mirada en el versículo cinco.

Este versículo dice así: “Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece”.

El versículo se divide en dos partes que presentan como actúa Dios con los seres humanos.

Este versículo da a entender que para Dios solamente hay dos clases de personas: Justos y malos. También diferencia muy bien el trato de Dios con cada grupo.

El versículo comienza diciendo: “Jehová prueba al justo”.

Es decir, le pone a prueba o le examina, le permite comprobar su fe. Es evidente que examina a todos, pero también lo es que tiene un trato diferenciado con los que son suyos, los creyentes, aquí llamados justos.

Las pruebas fortalecen el espíritu, aunque lo cierto es que no nos hacen gracia.

Demos gracias a Dios por las pruebas.

Pero el texto, seguidamente, se ocupa de los malos y los empareja con los violentos, pues dice:

“Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece”.

Esta distinción entre malos y violentos parece dar a entender que la violencia es un agravante de la maldad. Y la forma en que Dios ve esta conducta es muy clara: “su alma los aborrece”.

Impresiona pensar que Dios aborrece la conducta violenta, o mejor dicho, la conducta de aquellos a quienes les encanta la violencia, que no es lo mismo, ya que una cosa es una violencia ocasional, y otra, muy distinta, es tener afición a la violencia.

La paz debe caracterizar siempre al creyente.

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