Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 19 Al músico principal. Salmo de David
Versículos 11-14: Efectos de la Palabra
Bienvenidos a Miradas. Hemos llegado en nuestro paseo por los salmos al final del salmo diecinueve.
Este salmo trata dos temas muy importantes sobre la Revelación de Dios: La Revelación General en la Creación y la Revelación Especial en la Sagrada Escritura.
Hemos dividido este salmo en las tres partes siguientes: La revelación General en la Creación, la Revelación Especial en la Sagrada Escritura y los efectos de la Sagrada Escritura en el creyente.
Hoy trataremos la tercera parte que trata de los efectos que produce, en quien la lee con reverencia e interés, la Revelación Especial de Dios en la Sagrada Escritura, y que se describe en los versículos once al catorce.
Si en los primeros versículos del salmo encontramos el testimonio clamoroso del Creador en la maravilla del firmamento estrellado y en la segunda sección del salmo se nos detallan las grandes riquezas de la Sagrada Escritura, en este tercera parte, sobre la que se fijará hoy nuestra Mirada, el salmista reflexiona en los efectos que tiene en su propia vida la relación con la Palabra de Dios.
Estos últimos versículos del salmo dicen así: “Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.
Esta última sección del salmo diecinueve es una reflexión personal delante de Dios en la que, el salmista, después de meditar en la grandeza y gloria de Dios manifestada en la Creación, y en la maravilla de su Palabra Santa, como si esta fuese una potentísima luz, va descubriendo los efectos que tiene la Escritura en su vida, veamos. Comienza reconociendo que los dichos de Dios en su Palabra le descubren y exhortan a dejar sus fallos al decir:
“Tu siervo es además amonestado con ellos”. Pero, también reconoce las bendiciones que trae consigo ser obediente a lo que Dios dice, ya que afirma:
“En guardarlos hay grande galardón”. Seguidamente el salmista hace tres peticiones muy importantes:
Primero pide ser preservado de errores inadvertidos, pues dice: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos”.
En segundo lugar, pide ser apartado del terrible pecado de la soberbia, diciendo:
“Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión”.
En tercer lugar, pide la benevolencia divina para sus reflexiones, consciente de sus limitaciones y carencias, pues dice: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.
Ningún libro puede hacer efectos tan profundos y completos en las personas que los leen.
Cuando se lee con atención y reverencia la Palabra de Dios no deja indiferente a nadie.
Léela intensivamente para tener una visión general, pero dedica también tiempo a reflexionar, párate a meditarla.
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