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Salmo 21 – Gozo en Dios (106)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 21 Al músico principal. Salmo de David.

Versículos 1-2: Gozo en Dios

Este es un salmo real, es decir, un salmo escrito por David como rey, cantando las bendiciones de Dios derramadas sobre su vida.

Sin duda alguna, Dios es el gran protagonista del salmo.

David canta que Dios ha respondido sus ruegos manifestando su poder en los versículos uno y dos.

Canta que Dios le ha dado bendiciones y honra en el versículo tres.

Canta que la bendición de Dios sobre él es eterna en los versículos cuatro al seis.

Canta por ser objeto de la misericordia de Dios en el versículo siete.

Canta porque Dios es quien derrota a sus enemigos, que son a la vez enemigos de Dios, según el versículo once, y los derrota completamente según los versículos ocho al doce, para terminar con una alabanza entusiasta en el versículo trece.

Vamos a leerlo para comprobarlo y volveremos sobre los versículos uno y dos para fijar nuestra mirada en ellos.

“El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación, ¡cómo se goza! Le has concedido el deseo de su corazón, Y no le negaste la petición de sus labios. Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Vida te demandó, y se la diste; Largura de días eternamente y para siempre. Grande es su gloria en tu salvación; Honra y majestad has puesto sobre él. Porque lo has bendecido para siempre; Lo llenaste de alegría con tu presencia. Por cuanto el rey confía en Jehová, Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido. Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; Tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu ira; Jehová los deshará en su ira, Y fuego los consumirá. Su fruto destruirás de la tierra, Y su descendencia de entre los hijos de los hombres. Porque intentaron el mal contra ti; Fraguaron maquinaciones, mas no prevalecerán, Pues tú los pondrás en fuga; En tus cuerdas dispondrás saetas contra sus rostros. Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; Cantaremos y alabaremos tu poderío”.

Con el texto del salmo en mente, vamos a repasar los versículos uno y dos, que dicen:

“El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación, ¡cómo se goza! Le has concedido el deseo de su corazón, Y no le negaste la petición de sus labios”.

Los grandes de este mundo suelen estar orgullosos de sus éxitos.

El salmista y rey, David, era un creyente coherente que no presumía de su propio poder o estrategia militar sino que dependía de Dios con sinceridad y que reconocía y agradecía de corazón la ayuda recibida de Él.

Estos versículos son una muestra sencilla y clara de ello, pues dice David:

“El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación, ¡cómo se goza!”.

Sencillamente, atribuye a Dios los éxitos que tenía, y no solo eso, sino que, además, se alegra de ello, pasando el mismo a un segundo plano.

Pero, además, su comunión con Dios era habitual y práctica. Po eso agradece con reconocimiento las respuestas ya que dice:

“Le has concedido el deseo de su corazón, Y no le negaste la petición de sus labios”.

¿A quién atribuimos nuestros éxitos?

¿Somos agradecidos a Dios por lo que recibimos de Él?

¿Nos creemos autosuficientes o acudimos a Él para pedir?

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