Radio Solidaria
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Salmo 22 – Confiado (112)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.

Versículos 3-5: Confiado

Bienvenidos a Miradas. En nuestro paseo por los salmos hemos llegado al salmo veintidós.

Un salmo de David, que en su primera parte presenta un cuadro de dolor y angustia terribles a causa de un trato muy cruel e injusto.

Aunque este salmo surge de una situación concreta de la vida de David, las descripciones de su sufrimiento son un detallado anticipo, y por lo tanto proféticas, de la muerte de Jesucristo ocurrida mil años después. Y de hecho, el salmo veintidós aparece citado en el relato de la crucifixión en los cuatro evangelios.

Vamos a recordar el comienzo del salmo hasta el versículo trece para hacernos una idea de lo que hemos comentado, y después fijaremos nuestra Mirada en los versículos tres al cinco con más detalle.

El salmo comienza así: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente”.

Después del impacto que causan las palabras que hemos leído, volvemos nuestra Mirada a los versículos tres al cinco, que en contraste con la angustia de las primeras palabras del salmo, descubren el firme y motivador apoyo del salmista que le animaba a seguir implorando a Dios ayuda, pues estos versículos dicen:

“Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados”. Comienza reconociendo la santidad de Dios, al decir:

“Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel”. Dios nunca hace mal alguno pues está absolutamente apartado, santo es separado, de toda clase de mal, por eso es alabado.

Pero añade el salmista otra razón para confiar, Dios respondió en el pasado a los que clamaron a Él, tuvieron que esperar pero fueron respondidos y su confianza tuvo plena respuesta.

Dos veces se refiere a la espera tal vez para expresar lo difícil de la misma, repasemos sus palabras de nuevo:

“En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados”.

Dios nunca defrauda a los que claman a Él y esperan confiadamente. Espera en Él, a su tiempo tendrás respuesta completa.

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