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Salmo 22 – Espectáculo (127)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 22. Salmo de David

Versículos 16-18: Espectáculo

Bienvenidos a Miradas. En nuestro recorrido por los salmos nos hemos detenido en el salmo veintidós para examinarlo en relación con la obra del Señor Jesucristo, ya que es citado por los cuatro evangelios en el relato de la crucifixión por contener varias frases, que, aunque fueron escritas mil años antes, se cumplen allí al pie de la letra.

Pero, además, el salmo permite asomarse al conjunto de la obra de Cristo hasta la implantación de su reino.

Como cada día, leeremos un trozo del salmo para situarnos un poco en el tema.

Hoy leeremos los versículos dieciséis al veintiuno que dicen así:

“Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león, Y líbrame de los cuernos de los búfalos”.

Las descripciones que hace el salmista nos permiten imaginar, y casi ver, la escena de la crucifixión del Señor.

Destacan tres aspectos, el sufrimiento de la víctima, su ruego, pidiendo socorro, y, además, el público que asiste al espectáculo. Repasaremos los versículos dieciséis al dieciocho para centrar nuestra Mirada de hoy en el espectáculo de la cruz.

Estos versículos dicen así: “Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes”.

Estas frases reproducen al pie de la letra la crucifixión de Cristo.

Repasemos. Comienza diciendo: “Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos”. Poquísimas caras amigas había allí, la mayoría eran enemigos sádicos y malignos que se gozaban en su tormento. Pero el texto añade: “Horadaron mis manos y mis pies”.

Allí estaba, sobre la cruz, con gruesos clavos sujetándole, la descripción es asombrosa, porque la crucifixión no era conocida entonces.

Es como si David, autor del salmo, mirase a través de los mil años que transcurrieron hasta muerte de Jesús y lo viese clavado en la cruz. Pero, el texto sigue diciendo:

“Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan”. Las referencias a los que miraban se repiten en los cuatro relatos de la cruz, miradas que no eran precisamente amistosas, ni compasivas. Y nuestra Mirada de hoy aun tiene otro dato que confirma la inspiración del Espíritu Santo en este salmo que se escribe diez siglos antes, pues añade:

“Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes”.

Tres de los evangelistas recuerdan este salmo como una de las profecías que se cumplió literalmente en la cruz.

Allí estaba expuesto a las burlas y el brutal sufrimiento físico más el infinito padecer espiritual por ser el gran sustituto de los pecadores que pagó por todos los pecados de toda la humanidad.

Por eso, porque Él ya pagó, cualquiera que cree en Él tiene vida eterna.

¿Has creído tú? Pues aun estás a tiempo y no tienes otra alternativa.

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