Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 23 Salmo de David
Versículo 6a: Permanente
Hola. Bienvenidos a Miradas. Estamos llegando ya al final del salmo veintitrés, ese salmo que se cita tantas veces en cualquier ambiente.
Ese salmo que destila seguridad por todas sus letras.
Ese salmo que ha acompañado a tantas personas en sus peores momentos.
Ese salmo que muchos han aprendido de memoria porque les consuela repasarlo una y otra vez.
En fin, el salmo más famoso de la Biblia. Como el salmo es muy breve, vamos a leerlo una vez más para disfrutarlo, porque, cada vez que se lee se disfruta y nos emociona, sobre todo si imaginamos al salmista escribiéndolo.
Dice así: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.
El salmo es un repaso a todos los momentos de la vida en la seguridad de tener en Dios como cuidador y compañero que también le recibe como anfitrión para honrarle.
Llegando ya al final el salmista hace un pronóstico de su futuro que se basa en la seguridad que Dios le ofrece, ese pronóstico contempla el resto de su vida en este mundo y el salmista dice:
“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”. No es un vaticinio atrevido porque Dios es su pastor es decir su dueño.
Por eso puede afirmar “todos los días de mi vida”, es decir, mientras viva.
Es una afirmación llena de confianza en Dios en cuyas manos está su vida, toda su vida.
¿Está tu vida en sus manos? Pero, veamos que espera el salmista con tanta seguridad.
No dice que espera vivir muchos años, no dice que espera alcanzar prosperidad económica, no dice que espera ser muy famoso, no dice que va a ser un triunfador.
Recordemos lo que dice tener seguro: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”.
Tiene seguros el bien y la misericordia. ¿Y esto que quiere decir? ¿A qué clase de bien se refiere?
Por lo que llevamos visto del salmo, es evidente que ese bien no es como nosotros acostumbramos a entender el bien sino como lo entiende Dios y podemos citar que el apóstol Pablo cuando escribió su carta a los romanos dice en ella que “todas las cosas ayudan al bien de aquellos que aman a Dios”, y, es evidente, que todas las cosas incluye las que nos parecen buenas a nosotros y las que no.
Cuando José, el hijo de Jacob, fue vendido por sus hermanos, o cuando más tarde fue injustamente encarcelado, no parecía nada bueno, pero años más tarde reconoció que “Dios lo encaminó a bien”.
El salmista se sabía en las manos de Dios y confiaba de la misma forma. Porque, además tenía segura la misericordia permanente de Dios que le miraba y cuidaba con compasión amorosa.
Si Dios es tu pastor, tu Salvador, tu Señor, tú también puedes decir lo mismo.
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