Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 26 Equilibrio
Versículos 2-3: Examen y misericordia
Hola. Bienvenidos a Miradas. En nuestro recorrido por los salmos hemos llegado ya al salmo veintiséis, un salmo de David en el cual proclama delante de Dios la integridad de su vida separada de compañías perversas. Pero se reconoce necesitado de la constante ayuda divina para mantenerse íntegro.
El salmo ofrece el perfil de una vida equilibrada ya que combina su fidelidad con la dependencia de Dios.
Vamos a leer el salmo para después detener nuestra mirada para examinar más despacio los versículos dos y tres del mismo.
El salmo dice así: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado asimismo en Jehová sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y ando en tu verdad. No me he sentado con hombres hipócritas, Ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté. Lavaré en inocencia mis manos, Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová, Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas. Jehová, la habitación de tu casa he amado, Y el lugar de la morada de tu gloria. No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios, En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos. Mas yo andaré en mi integridad; Redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová”.
Quedándonos con el aroma de esta flor de la inspiración espiritual, vamos a poner nuestra Mirada con atención en los versículos dos y tres como hemos prometido.
Estos versículos dicen así:
“Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y ando en tu verdad”.
Uno de los aspectos notables de estos versículos es la franqueza del salmista y su confianza en el trato con Dios cuando le dice:
“Escudríñame, oh Jehová, y pruébame”. No es que fuera perfecto, pero procuraba ser fiel y se expone tranquilamente al examen, pues añade:
“Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón”.
Vamos, mírame a fondo, no dejes nada sin examinar, seguramente en el mismo espíritu con el que hace una petición similar en el salmo ciento treinta y nueve, cuando dice:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”. Pero, seguidamente, nos ofrece la razón de esta confianza tan grande, pues dice:
“Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y ando en tu verdad”.
Es decir, procuraba ser fiel pero sabía que el examen de Dios mostraría fallos, por eso se acoge a su tierna misericordia.
¡Que buena proporción, que buen equilibrio, en la vida del salmista! Ni cae en la falsa modestia ni en el orgullo, sino que en todo se sabe dependiente de Dios y aspira a progresar en su vida espiritual.
Acerquémonos a Dios con esta actitud tan equilibrada, procurando ser fieles cada día y presentando delante de Él nuestras vidas acogidos a su misericordia.
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