Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 28 Oración respondida
Versículo 1: Única posibilidad
Bienvenidos a Miradas. Hemos llegado al salmo veintiocho y hoy comenzamos nuestro encuentro con él. Este salmo, escrito por David, podríamos titularlo:
Oración respondida ya que contiene una larga petición y la respuesta a la misma.
El salmo habla de la vida separada para Dios mencionando la dependencia de Él, la maldición para los que no tienen a Dios en cuenta, y terminando con una alabanza sincera.
Como es un salmo breve, vamos a leerlo todo porque eso da mejor perspectiva al comentario que haremos después. El salmo veintiocho dice así:
“A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. No me arrebates juntamente con los malos, Y con los que hacen iniquidad, Los cuales hablan paz con sus prójimos, Pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; Dales su merecido conforme a la obra de sus manos. Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová, Ni a la obra de sus manos, El los derribará, y no los edificará. Bendito sea Jehová, Que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre”.
Ahora, con todo el salmo en mente, vamos a poner nuestra Mirada sobre el versículo primero para examinarlo más de cerca.
Este primer versículo dice así:
“A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro”.
Vamos a repasar estas pocas pero importantes palabras, comienza diciendo: “A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía”.
Es evidente que lo tenía muy, pero muy claro, el salmista. Porque no dice que Dios era una de sus opciones sino que le coloca como la única, diciéndole:
“A ti clamaré”.
Es importante que tengamos eso siempre claro, porque no hay otra alternativa. Pero añade seguidamente:
“Roca mía, no te desentiendas de mí”.
Esto es como si dijese, Tú eres mi firmeza, mi asidero, mi fundamento, no me dejes. Porque el salmista tiene claro también que si se diese el hipotético caso de ser abandonado por Dios, sería como morirse, pues sigue diciendo:
“Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro”.
Así que, el salmista comprendía, y afirmaba, que dependía absolutamente de Dios, porque era su única seguridad y su única ayuda segura.
Esto es igualmente cierto para nosotros.
Si Dios, el único y Todopoderoso Dios, manifestado humanamente en Jesucristo, no es nuestro cimiento, nuestra seguridad, el fundamento de nuestra fe; será como si estuviésemos muertos, porque fuera de Cristo solamente hay muerte. Jesucristo dijo de manera enfática:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí”.
Si no has creído en Cristo estás muerto.
(por Daniel Valuja)
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