Radio Solidaria
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Salmo 30 – Cambio (180)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 30 Dependencia de Dios

Versículos 11-12: Cambio

Bienvenidos a Miradas. Nuestra visita al libro de los salmos sigue avanzando y ya hemos llegado al final del salmo treinta del cual veremos hoy los dos últimos versículos que nos hablan de un gran cambio en la vida del salmista.

El salmo treinta fue escrito por David y su mensaje es la dependencia de Dios aprendida en la experiencia de la relación con Él.

Como este salmo es breve lo leeremos completo antes de poner nuestra Mirada sobre los dos últimos versículos del mismo.

El salmo treinta dice así: “Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, Y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura. Cantad a Jehová, vosotros sus santos, Y celebrad la memoria de su santidad. Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría. En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido, Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte. Escondiste tu rostro, fui turbado. A ti, oh Jehová, clamaré, Y al Señor suplicaré. ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad? Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador. Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.

Después de leer esta hermosa experiencia de dependencia, vamos a mirar con atención los versículos once y doce de esta salmo treinta que dicen así:

“Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.

Después de leerlos que da muy claro que en el salmista se ha producido un gran cambio, obrado por Dios, y que eso motiva de forma extraordinaria su alabanza más sincera.

Veamos, el salmista relata el cambio con estas frases: “Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría”.

Primero había lamento y cilicio y después baile y alegría.

El salmista repite la idea del cambio utilizando dos expresiones para el antes, lamento o lloro, o queja lastimera y cilicio que era la vestidura del dolor intenso de la pena por una tragedia y después, como contraste el baile, saltando de alegría y la alegría completa.

Después de una experiencia tal es de sentido común estallar en alabanza de forma entusiasta y continuada, eso hace el salmista, pues dice:

“Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.

¿Has repasado los favores de Dios sobre tu vida? ¿Le has alabado de corazón como el salmista? ¿Has reconocido delante de los demás que se lo debes a Dios, que es quien llena tu vida de bendiciones?

¡Comienza hoy a darle gracias, tanto en privado como en público! Dios siempre te da mucho más de lo mereces, que no mereces nada, y mucho más de lo esperas o necesitas. Dale gracias.

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