Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 34 Salmo de David
Versículos 1-6: Gratitud
Bienvenidos a Miradas. En nuestro recorrido por los salmos iniciamos hoy nuestra visita al salmo treinta y cuatro, uno de los salmos escritos por David, en el cual se cantan los beneficios recibidos de Dios como son el cuidado y la defensa, por eso el salmo se inicia con un canto de alabanza y continua con una lista de beneficios que los creyentes reciben de Dios.
Vamos a leer y comentar los primeros seis versículos del salmo treinta y cuatro para iniciar nuestro contacto con el mismo. Los primeros seis versículos del salmo treinta y cuatro dicen así:
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán. Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre. Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias”.
Si te has fijado, hay mucho contenido en la alabanza con la que se inicia este salmo treinta y cuatro. Hay dos partes definidas en estos primeros versículos, primero la alabanza y después los motivos. Vamos a ver despacio lo que acabamos de leer. Las primeras palabras son rotundas, pues dicen:
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca”.
Es decir, alabaré a Dios siempre, cada día, y en cada circunstancia la alabanza a Dios surgirá espontánea de mi boca.
Seguidamente, el salmista hace una exhortación a la comunidad de los creyentes diciendo:
“Lo oirán los mansos, y se alegrarán. Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre”.
Es decir, los que con sinceridad son temerosos de Dios, sintonizarán con mi alabanza porque sienten lo mismo que yo, pero seguidamente, les invita a unirse comunitariamente para hacerlo en conjunto al decirles:
“Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre”, de forma anecdótica diremos que hace años un misionero declaró su amor y su proyecto de vida como matrimonio misionero a su novia con estas mismas palabras.
Seguidamente, el salmista relata los motivos de su alabanza de él mismo y de otros en una secuencia curiosa, primero la propia, después la de otros y de nuevo la propia.
Comienza diciendo: “Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores”.
Cuando se dice “Él me oyó” quiere decirse que Dios escuchó y dio respuesta positiva.
Por eso, al saberse bajo la protección divina, ya no hay motivo para temer. Añade seguidamente:
“Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados”.
Esta es una figura muy gráfica ya que describe un foco de luz y un rostro seguro, es decir, la claridad de Dios ilumina la situación y devuelve la seguridad a quien confía en Él, porque comprueba que Dios responde a los que confían en Él y nadie se burla de ellos.
Después vuelve a lo personal para ampliar lo que había dicho antes, pues dice: “Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias”.
Dios suplió sus necesidades de tal forma que le devolvió la alegría.
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