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Salmo 34 – Consejo (203)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 34 Salmo de David

Versículos 11-14: Consejo

Bienvenidos a Miradas. Nuestro recorrido por el libro de los salmos nos ha llevado hasta el salmo treinta y cuatro uno de los salmos escritos por David, y ya estamos en la mitad del mismo, en este salmo se cantan los beneficios recibidos de Dios como son el cuidado y la defensa, por eso el salmo se inicia con un canto de alabanza y continua con una lista de beneficios que los creyentes reciben de Dios.

Como estamos haciendo estos días leeremos primero unos versículos y después meditaremos en los mismos.

El tema de estos versículos es aconsejar a los hijos como vivir teniendo a Dios en cuenta y agradándole.

Los versículos once al catorce del salmo treinta y cuatro dicen así:

“Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela”.

Comienza el salmista en estos breves pero clarísimos consejos diciendo: “Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré”.

Está claro que el propósito del consejero, en este caso el padre, es iniciar a sus hijos en la verdadera sabiduría pues el sabio Salomón en el libro de los Proverbios dejó dicho que “el principio de la sabiduría es el temor de Dios”.

El verdadero saber no consiste en una gran cantidad de conocimientos sino en reverenciar a Dios con sinceridad obedeciendo su Palabra.

Seguidamente, hace una pregunta cuya respuesta es obvia, pues pregunta:

“¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien?”.

La respuesta debe tener, por lógica aplastante, un ¡yo! Rotundo por parte de todos, porque, ¿Quién no desea lo que se pregunta?.

Entonces contando con esa respuesta por parte de sus hijos, les da tres consejos muy valiosos y sencillos, pues les dice:

“Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela”.

Vamos a repasar esos tres consejos uno por uno.

Primero les aconseja algo básico para sus relaciones con los demás: deben tener cuidado como hablan, porque las palabras salen y no vuelven y afectan a los que escuchan, pues les dice:

“Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño”, es decir, cuidado con lo que se habla.

Las palabras pueden herir y destruir a otros. No deben ser malintencionadas ni falsas.

Este consejo es sencillo y hasta lógico, pero en una sociedad que acepta la mentira como algo normal y cotidiano es muy importante que nuestras palabras sean siempre de fiar, incluso cuando la verdad nos perjudique. Seguidamente, el padre y consejero se refiere al comportamiento en general con dos consejos muy sencillos, pues dice:

“Apártate del mal, y haz el bien”, pero, esto plantea una pregunta:

¿Cómo saber cual es el mal y el bien?

¿A dónde recurrir para tener un criterio acertado?

Pues, muy sencillo: A la Biblia. Pero, aun les dice algo más: “Busca la paz, y síguela”.

Este consejo final recuerda las palabras del apóstol Pablo: “En cuanto dependa de vosotros estad en paz con todos”.

Estos consejos son perfectos… si los seguimos.

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