Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 34 Salmo de David
Versículos 19.22: Cuidado
Bienvenidos a Miradas. Nuestro recorrido diario por el libro de los salmos nos ha llevado hasta el salmo treinta y cuatro que hoy terminamos.
Cada día hemos ido viendo un trozo del salmo hasta completarlo.
El salmo treinta y cuatro fue escrito por David y es un reconocimiento de las bondades de Dios con los suyos, cuidándoles y defendiéndoles, el salmo se inicia con un brillante canto de alabanza que después se acompaña de las razones que lo motivan.
Hoy leeremos los últimos cuatro versículos del salmo treinta y cuatro en los cuales nos deja la seguridad de saber que confiar en Dios es siempre seguro, porque Dios responde a esa confianza con salvación.
Nadie que confía en Él será defraudado. Los últimos versículos del salmo treinta y cuatro dicen así:
“Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová. El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado. Matará al malo la maldad, Y los que aborrecen al justo serán condenados. Jehová redime el alma de sus siervos, Y no serán condenados cuantos en él confían”. Estos versículos se refieren, en primer lugar, a los sucesos que ocurrirían mil años después de ser escrito el salmo, en la ciudad de Jerusalén, con Jesucristo, como lo confirma el relato de la crucifixión del evangelio de Juan. Pero también se refieren al trato de Dios con los que confían en Él, con los verdaderos creyentes, así que lo veremos en esa perspectiva, aunque una de las frases es especialmente referida a Jesucristo.
Comenzamos con lo primero que dicen estos versículos, leemos:
“Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová”.
Recordemos que el justo no es el completamente perfecto, sino el que confía sinceramente en Dios y procura agradarle cada día de todo corazón, no para ganar la salvación sino para corresponder a ella.
Leamos de nuevo la frase: “Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová”.
Esta frase nos deja dos temas para considerar, primero, el creyente no está exento de dolores, incluso pueden ser muchos. Pero, la segunda cosa es que, finalmente, será liberado de todo dolor y aflicción.
Es Dios quién lo garantiza.
A continuación hay una referencia a la muerte de Cristo, cuando dice el salmo:
“El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado”. Tal y como lo recoge el evangelio de Juan capítulo diecinueve diciendo: “Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. … Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo”.
Seguidamente, el salmo vuelve su atención a los que viven en rebeldía contra Dios y que su propia y continuada actitud les lleva a la inevitable condenación, pues dice:
“Matará al malo la maldad, Y los que aborrecen al justo serán condenados”.
El final del salmo vuelve a mirar al creyente y dice: “Jehová redime el alma de sus siervos, Y no serán condenados cuantos en él confían”.
Es la salvación regalada que Dios da a los que creen y viven en consecuencia.
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