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Salmo 35 – Frustra sus intenciones (210)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 35 Defiéndeme

Versículos 24-28: Frustra sus intenciones

Bienvenidos a Miradas. En nuestro viaje diario por el libro de los salmos terminamos hoy nuestra visita al salmo treinta y cinco, escrito por David, y en el cual hace una petición apasionada a Dios implorando de Él ser defendido de sus enemigos que le atacan con cruel injusticia.

Hoy daremos lectura a los versículos veinticuatro al veintiocho con los que termina este salmo e iremos examinándolos poco a poco para descubrir algo más de su riquísimo contenido.

Los versículos veinticuatro al veintiocho del salmo treinta y cinco dicen así:

“Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, Y no se alegren de mí. No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Le hemos devorado! Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, Y digan siempre: Sea exaltado Jehová, Que ama la paz de su siervo. Y mi lengua hablará de tu justicia Y de tu alabanza todo el día”.

Ahora, después de leer los últimos versículos de este salmo treinta y cinco.

Vamos a examinarlos para quedarnos con lo mucho bueno que hay en ellos, como palabra de Dios que son.

En los versículos veinticuatro y veinticinco, el salmista insiste en su inocencia y continúa pidiendo ayuda, pues dice:

“Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, Y no se alegren de mí. No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Le hemos devorado!”

Seguidamente, el salmista acentúa por última vez en el salmo su petición de castigo para sus enemigos, pues en el versículo veintiséis dice:

“Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí”.

Esto es tanto como decir: que sea público su malvado error y no puedan levantar la cara ente los demás porque todas las miradas les acusarán.

Después de esta última demanda de castigo para los que le acosan injustamente, el salmista cierra el salmo con dos cantos de alabanza.

El primero lo encontramos en el versículo veintisiete y hace falta leerlo con atención para no confundirse en su interpretación pues comienza diciendo:

“Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y esto podría hacer pensar que se refiere a sus partidarios alabándole a él, porque, vamos a repetirlo, dice:

“Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa”. Pero, las cosas se aclaran, porque, seguidamente dice:

“Y digan siempre: Sea exaltado Jehová, Que ama la paz de su siervo”.

Con lo cual se nos aclara que el acento no está en el salmista y su causa, sino en Dios que le defiende respaldándole como su siervo. Y, como no podría ser de otra manera, las palabras finales del salmo, en el versículo veintiocho, lo confirman, pues el salmista termina diciendo:

“Y mi lengua hablará de tu justicia Y de tu alabanza todo el día”.

Nosotros, como cristianos, tenemos aun más motivos para hacer lo mismo, proclamar las buenas nuevas de Dios por medio de Jesucristo y alabarle porque hemos sido alcanzados por su salvación.

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