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Salmo 36 – Justicia final (214)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 36 Salmo de David

Versículos 10-12: Justicia final

Bienvenidos a Miradas. Como ya sabes, estamos recorriendo el libro de los salmos, que es el más extenso de la Biblia y también el más citado en el Nuevo Testamento.

En nuestro recorrido no nos dejamos atrás ningún salmo y ya hemos llegado hoy al final del salmo treinta y seis, uno de los que escribió David.

En este salmo David trata tres cuestiones; primero describe, de forma muy gráfica y detallada, la maldad humana, después, en un contraste magistral, proclama la misericordia de Dios, y, en tercer lugar, termina el salmo con una petición a Dios y una declaración de confianza en su justicia.

Hoy leeremos primero y comentaremos después los últimos versículos del salmo treinta y seis que incluyen la petición del salmista y su confianza total en la justicia de Dios, pues dicen así:

“Extiende tu misericordia a los que te conocen, Y tu justicia a los rectos de corazón. No venga pie de soberbia contra mí, Y mano de impíos no me mueva. Allí cayeron los hacedores de iniquidad; Fueron derribados, y no podrán levantarse”.

Como dijimos antes, el salmista, después de describir la maldad humana y la maravillosa misericordia divina, hace ahora una brevísima petición y proclama la justicia de Dios.

La petición que encontramos en los versículos diez y once de este salmo treinta y seis, tiene dos partes una general y otra personal pues comienza diciendo:

“Extiende tu misericordia a los que te conocen”.

Como ya ha descrito antes los efectos de la misericordia de Dios, ahora pide que sea extensiva a los que sinceramente buscan a Dios, y repite la misma idea, pero, como siempre, ampliándola, al decir:

“Y tu justicia a los rectos de corazón”.

Y, en este caso, que Dios extienda su justicia a los que le buscan es que, como ya dijimos otro día, Dios les trate como justos contando su fe en su palabra como justicia.

Seguidamente, su petición se hace personal y pide ser guardado de los enemigos para que no se acerquen y ni le hagan daño.

Lo dice de la siguiente manera: “No venga pie de soberbia contra mí”.

Esta primera parte de la petición personal parece referirse a que no se acerquen los enemigos que andan con soberbia porque Dios no les hace falta, es más, les sobra.

Seguramente enemigos peligrosos no solo por sus ataques sino por su contagio, por eso pide que no se acerquen.

La segunda parte de esta petición parece confirmar esto pues dice: “Y mano de impíos no me mueva”.

No pide que no haya agresión sino que no sea movido de su fidelidad porque los enemigos peligrosos suelen ser los agradables que quieren arrastrarnos a sus maldades aunque con buena cara y modos.

Por último, el salmista proclama la justicia de Dios contra los que insisten en hacer el mal sin arrepentirse, pues dice:

“Allí cayeron los hacedores de iniquidad”.

Ofender a Dios nunca da buen resultado, vale más ponerse a bien con Él cuanto antes. Porque la última frase del salmo es un aviso muy serio, ya que refiriéndose a las mismas personas, dice:

“Fueron derribados, y no podrán levantarse”.

Ponte a bien con Dios cuanto antes. Su castigo puede alcanzarte y ya no habrá remedio posible.

Hazlo mientras estás a tiempo.

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