Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 39 Versículos 1-2: Silencio culpable
Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro recorrido por el libro de los salmos y acabamos de llegar al salmo número treinta y nueve, que es otro de los que escribió David.
En este salmo encontramos dos temas enlazados: El sufrimiento a causa del pecado y la reflexión en la brevedad de la vida.
Como cada día, examinaremos un trozo del salmo, para meditarlo con calma, así que detendremos nuestra Mirada en los tres primeros versículos del salmo.
Los leeremos primero y después iremos desgranando su contenido.
Los tres primeros versículos del salmo treinta y nueve dicen así:
“Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí. Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor”.
Después de leerlos, examinemos con calma cada frase.
Parece que el salmista está haciendo un gran esfuerzo para dar la impresión a los demás que todo va bien, que está en paz, pero, lo cierto, es que lleva dentro una gran inquietud. Veamos frase por frase. Comienza el salmista diciendo:
“Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua”.
Creo que la idea de estas primeras palabras es: Iré a lo mío, sin complicarme la vida, calladito que “el que mucho habla, mucho yerra” y ese propósito era tan firme que incluso lo remacha y amplía en la siguiente frase, porque dice:
“Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí”.
Esto parece decir que se abstendrá de hablar absolutamente para no dar ni una sola oportunidad de crítica a los enemigos.
Esta actitud es siempre muy sabia, sobre todo si lo que hablamos no honra al Señor, ya que los incrédulos anotan muchísimo más rápido lo malo que lo bueno, igual que los niños, que también lo hacen. Por lo tanto, cuidemos nuestro lenguaje delante de los que se oponen a Dios, nunca sabemos el efecto que pueden hacer unas palabras. Seguidamente, el salmista añade algo sorprendente, pues dice:
“Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno”
Esto de callarse de lo bueno, no queda claro si es que quería quejarse por algo, pero algunas cosas eran buenas y no sería razonable quejarse, o si se acusa de no haber hablado ante los incrédulos de las bondades de Dios.
Me inclino más por lo primero, sobre todo, a la luz del contexto inmediato del salmo.
Así que “me callé aun respecto de lo bueno”, probablemente, quiere decir que estaba dispuesto a quejarse de lo que después habla el salmo, y tenía tantas ganas de hacerlo, que ni siquiera se paró a pensar que había en su vida cosas muy buenas, dadas por Dios, que no estaba teniendo en cuenta.
Esto también nos ocurre a nosotros con frecuencia, basta una pequeña contrariedad, para que pasemos el día quejándonos, sin darnos cuenta que cada uno de nuestros día, por mal que vayan las cosas, está lleno de regalos inmerecidos que Dios nos da y que no le estamos agradeciendo.
Tal vez por no dar salida a su gran preocupación, ni reconocer las bondades de Dios en su vida diaria, se encuentra peor, pues dice:
“Y se agravó mi dolor”. Sea cual sea nuestra situación, siempre hay muchas razones para dar gracias a Dios, y para hablar bien de Él delante de otros.
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