Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 39 Versículos 5-6: Vidas breves
Bienvenidos a Miradas. El libro de los salmos es el más extenso de la Biblia, el tamaño de su contenido supera en casi un cinco por ciento al siguiente libro, que es el del profeta Jeremías.
Además, son el libro del Antiguo Testamento más citado en el Nuevo y su contenido en teología es muy notable, pero, sobre todo, es el libro más querido por cualquiera lector de la Biblia, porque descubre las interioridades del ser humano en su relación con Dios.
Bien, pues, en Miradas continuamos, como cada día, recorriendo el libro de los salmos y ya estamos en la mitad del salmo treinta y nueve.
Un tema destacado de este salmo es la brevedad de la vida humana.
Hoy leeremos los versículos cinco y seis para después comentarlos en detalle. Los versículos cinco y seis del salmo treinta y nueve dice así:
«He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive.
Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá”.
Ya estamos de lleno en uno de los temas que preocupan mucho al salmista, la brevedad de la vida en relación con Dios. Inicia su reflexión reconociendo la soberanía de Dios pues dice: “He aquí, diste a mis días término corto”.
Es decir, la duración de mi vida la has decidido tú y le has puesto unos límites reducidos.
Seguidamente, el salmista parece comparar la breve duración de su vida con la eternidad de Dios pues dice:
“Y mi edad es como nada delante de ti”. Reconociendo la insignificancia humana delante del excelso Dios Eterno y Todopoderoso. Pero, a continuación, volviendo su vista a la condición humana, reflexiona en tres aspectos de la misma encabezados por el término “ciertamente”, vamos a verlo.
El primer ciertamente echa por tierra toda presunción humana, pues dice: “Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Y añade: Ciertamente como una sombra es el hombre”.
Estas dos afirmaciones nos recuerdan algo que nos molesta mucho, y que solamente reconocemos cuando estamos ante una muerte repentina y decimos compungidos: “hay que ver, no somos nada”, porque, normalmente, nos parece que somos importantes, e incluso, más importantes que los demás.
Las afirmaciones del salmista van por otro lado como ya hemos visto. Pero, la reflexión continúa fijándose en otro aspecto de la vida, ese que llamamos socialmente, éxito.
Los que lo consiguen son llamados triunfadores, pero, veamos lo que dice el salmista:
“Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá”.
Esto es algo así como decirnos que el éxito es un fracaso, nada menos.
Creo que, básicamente, nos plantea dos posibles visiones de la vida. Una la de la sociedad, la del mundo, el éxito, el triunfo, es prosperar, ganar dinero, ser famoso, ser poderoso.
Pero, el otro punto de vista, el de Dios, nos deja una seria incógnita.
Esa clase de éxito no lo es delante de Dios, es más, no vale nada, no queda nada como resultado de la vida.
El pasaje que hemos leído hoy, nos deja ahí, con esa reflexión, tendremos que seguir investigando.
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